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Mil maneras de comer lechazo

Si preguntáramos al azar a alguien ajeno a nuestra provincia qué le apetecería beber en su viaje a la provincia de Valladolid, sería casi seguro que una de las primeras respuestas que aparecería en su boca sería ‘vino’. Si después de nuestro cuestionario le llevara a sus preferencias a la hora de comer, serían pocos los que no mencionaran el lechazo, incluso aquellos despistados que, recién llegados a tierras castellanas, pretenden probar un poco de nuestro apetitoso «cordero».

Y es que escasas parejas gastronómicas pueden presumir de combinar tan bien como lo hacen los caldos de las denominaciones de origen de Valladolid con la deliciosa carne de lechazo que se ofrece en la provincia. El lechazo de Castilla y León, que cuenta con el sello de garantía que ofrece la Indicación Geográfica Protegida, es una de las joyas de la cocina castellana y vallisoletana, un verdadero placer para los sentidos del que puede disfrutarse en multitud de asadores y mesones de nuestras tierra.

Localidades como Traspinedo huelen a los pinchos de lechazo churro que, atravesados por una barra de acero, son su seña más característica. Y no faltan, a lo largo del año, encuentros a lo largo de nuestra geografía en la que el lechazo es el producto estrella que puede degustarse de mil maneras diferentes.

Las Jornadas del Lechazo de la Ribera del Duero se celebran desde hace tres ediciones y participan locales de Peñafiel, Curiel de Duero, Valbuena o Pesquera de Duero, dentro de una zona en la que para muchos crece la carne más exquisita de la región.  Grandes centros de producción vinícola se reúnen en puntos de encuentro claves para comer cordero lechal en su forma más tradicional.

Otro punto de interés de la región se vertebra en torno al municipio de Medina del Campo. Regado con unas generosas cantidades de Rueda, desde hace cuatro años acoge en torno al mes de marzo la celebración de sus particulares Jornadas del Lechazo, en las que distintos centros locales como la Taberna Mohino o el Restaurante de San Roque se unen con el Mesón del Tío Macario de Pozáldez para ofrecer el llamado Menú de Las Jornadas.

También en la capital de la provincia, coincidiendo con las fiestas patronales de San Pedro Regaladovarios establecimientos sirven tapas y menús elaborados con lechazo en unas jornadas que se van asentando con el paso del tiempo.

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El próximo domingo 9 de noviembre se celebra el Día Europeo del Enoturismo

Como todos los años, el continente europeo reserva un día especial para conmemorar la saludable práctica del enoturismo. Este 2014, el Día Europeo del Enoturismo tiene lugar el 9 de noviembre, jornada en la que se reivindica la importancia del vino y su significado a lo largo del tiempo en las distintas culturas occidentales.

La convocatoria tiene relevancia especial para nuestro país. La Red Europea de Ciudades de Vino (RECEVIN) designa, desde 2012, una Ciudad Europea del Vino protagonista del Día de ese año. Después de que Portugal e Italia destacaran con ciudades como Palmela y Masana, respectivamente, en esta ocasión es España la afortunada ganadora de esta distinción, gracias a la reputada ciudad andaluza de Jerez.

Distintas ciudades del país se suman a esta fiesta, y Valladolid, con sus cinco denominaciones de origen, también tiene mucho que conmemorar este Día. Los vinos de Cigales no podían ser ajenos a esta celebración europea, y hasta seis bodegas de la localidad han organizado visitas guiadas, rutas turísticas y diferentes actividades para toda la familia regadas con una de las D. O. más contundentes de la provincia.

Con estas acciones, la región pretende erigirse como uno de los baluartes del vino a nivel mundial y potenciar el turismo del territorio vertebrado en torno a este caldo. Asimismo, Cigales persigue la certificación oficial que le brindará el acceso al Club de Producto de Calidad «Rutas del Vino de España».

alaejosRueda tampoco se queda atrás en esta dinámica y propone distintas jornadas de puertas abiertas, catas a ciegas y concursos para todos los públicos. Sus bodegas y locales gastronómicos aúnan fuerzas para ofrecer a los turistas los mejores acompañamientos a estos caldos que adornan la ya tradicional Ruta de Vinos del municipio, uno de los focos de interés más luminosos del territorio.

La Denominación de Origen Toro también encontrará su proyección desde su cuna zamorana. Monte la Reina acogerá una visita guiada por sus instalaciones y sus más de 300 hectáreas de viñedo propio, que cultivan uno de los manjares líquidos más codiciados del mercado. Además, los profesionales desgranarán el proceso de creación de unos vinos que pondrán a disposición del público en una cata especial de estos caldos acompañados por platos de alta cocina.

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Valladolid, provincia de quesos

Los orígenes de las tapas, las maravillosas comidas en miniatura que nos sacian del hambre mientras saboreamos una copa de vino o una cerveza bien fría, tienen un origen difuso en el que abunda la leyenda y faltan certezas absolutas.

¿Cuál es la verdad de todo esto?
¿Cuánto hay de mito y cuánto de historia detrás?

¡Hoy lo desvelamos!

Lo cierto es que, ya fueran improvisadas protecciones contra insectos para el rey católico Fernando II, ya fueran acompañamientos del tratamiento de vino que se prescribió a los enfermos durante la época de Alfonso X el Sabio, lo cierto es que jamás han dejado de acompañarnos. Y no menos cierto es que pocos alimentos como el queso pueden presumir de ser una tapa casi obligatoria en cualquier bar o restaurante al que acudamos.

Vino y queso forman un tándem de éxito. Valladolid, tierra de muchos y buenos vinos, y donde conviven cinco denominaciones de origen, cada una con sus peculiaridades y matices, cuenta también con una interesante colección de quesos. Maestros artesanos llevan siglos sacando el máximo provecho a la materia prima que las ovejas nos ofrece.

Sin duda, uno de los quesos vallisoletanos más representativos es el de Villalón, que cuenta con su propio museo en esta localidad situada al norte de la provincia. La antigua escuela del municipio sirve ahora de centro de interpretación de un producto que identifica a toda una comarca y que se sigue elaborando hoy prácticamente de la misma forma que se hacía siglos atrás.

Acercarse a conocer los quesos de Valladolid es también una ocasión perfecta para conocer rincones más o menos escondidos de la provincia. Arrancar en Pollos, pasar por Serrada y teminar en Ramiro es una de las opciones que nos ofrece una ruta que arranca a las orillas del Duero en la que descubriremos algunas queserías que merece la pena conocer. Queserías cargadas de historia y donde la tradición artesana es una constante y una garantía de calidad y sabor.

Si aún no te ha entrado hambre, aquí tienes una guía para conocer más de todos los quesos de nuestra provincia. Un placer irresistible.

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Saboreando la provincia de Valladolid

Un museo, si nos atenemos a la definición de la RAE, es una institución que guarda colecciones de objetos y elementos de todo tipo que ilustran las actividades del hombre o culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos.

Varios museos en Valladolid se encargan de proteger y difundir el patrimonio gastronómico de la provincia, uno de sus principales activos y un reclamo para los visitantes que se dejan caer por esta tierra. El vino, puede que su producto más reconocible, cuenta en Peñafiel con un gran museo ubicado en el castillo que se dedica a su promoción.

Otro de los productos representativos de la gastronomía vallisoletana es el pan, cuyo Museo del Pan  ubicado en Mayorga. La harina, fundamental para elaborar el pan, encuentra en Medina de Rioseco, en concreto junto a la dársena del Canal de Castilla, un espacio propio. Ahí es donde se encuentra la antigua fábrica de harinas de San Antonio, conservada en perfecto estado y abierta a quien quiera conocer por dentro cómo era en sus días de frenética actividad. Días de Revolución Industrial a orillas del Duero en los que esta harinera aprovechaba la fuerza del Canal para molturar el grano. Más de un siglo después todavía se conservan en perfecto estado sus instalaciones, la turbina o los molinos que hacían posible la elaboración de harina.
El Museo del Queso de Villalón es otro de estos lugares en los que la tradición de una actividad, en este caso la elaboración de quesos en esta localidad desde hace siglos, encuentra un espacio en el que mantenerse viva y llegar a un público amplio. Saborear este producto con los cinco sentidos, abordar de una manera global el regalo que obtenemos de la leche recién ordeñada de las ovejas. En la web de este museo podemos ver el recorrido que nos proponen para disfrutar como nunca de un queso con identidad propia.

En la zona este de la provincia de Valladolid, es posible visitar el Museo de la Harina y la Miel , en Olmos de Peñafiel, ubicado en un viejo molino en el que los visitantes conocerán la manera en la que se transportaba el trigo y se trabajaba hasta convertirlo en harina en la aceña. En este mismo centro también nos podemos acercar al comportamiento de las abejas, la forma en la que se agrupan dentro de la colmena y el proceso que llevan a cabo para elaborar un producto tan fascinante como la miel.

Tradiciones centenarias muy ligadas a nuestra tierra, como la matanza, tienen reflejo también en un centro de interpretación localizado en Palazuelo de Vedija. Un punto obligado para conocer las herramientas, los procesos y los productos que se relacionan con un rito enraizado en la Tierra de Campos en la que está enclavado este centro.

Un recorrido por la provincia, permitirá descubrir varios centros museísticos que dan visibilidad a los productos que hacen de Valladolid un destacado centro gastronómico.

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Los ‘influencers’ del vino

La descomunal fuerza de Internet puede con todo. La ola que generan las nuevas tecnologías y las herramientas que usamos a diario hacen que nada sea ya como lo recordamos hace un par de décadas atrás, ni siquiera hace unos cuantos años.

La tecnología, claro, también llega hasta el vino, y deja su impronta en todas (o casi) las etapas de elaboración de los caldos. Pero el nuevo escenario tecnológico que nos rodea, en concreto Internet, incide en otros aspectos relacionados con este mundo de manera diferente.

La Red, así, se ha convertido en un terreno en el que aficionados y expertos que comparten su pasión vinícola publican críticas, impresiones y noticias acerca de un campo tan extenso y apasionante como este. Cientos de blogs conviven en la web y se han convertido en una fuente de información de primer orden para todos aquellos que quieren saber todo sobre los vinos, sobre las denominaciones de origen de una determinada región, sobre las variedades de uva que dominan en un cierto momento, sobre las principales bodegas y sus caldos de referencia…

Muchas de estas últimas, conscientes del poder que estos nuevos prescriptores pueden tener en los internautas, organizan ya encuentros con blogueros a los que muestran la trastienda, muchas veces oculta, de la elaboración del vino y les organizan catas específicas con las que pueden conocer mejor el fruto de su esfuerzo diario.

Otras veces son viajes con un trasfondo turístico, pero ligado a la presencia del vino en un territorio muy concreto, los que dan como resultado experiencias como la que en un grupo de aficionados a Instagram vivió en la provincia de Valladolid hace unos meses bajo el título #pueblosdelvino.

Si nombres como Parker siguen teniendo un indudable prestigio y son una referencia a la hora de situar vinos y valorarlos como se merecen, lo cierto es que también en este campo Internet ha democratizado las posibilidades para que las opiniones de un bloguero sena tenidas en cuenta por un buen puñado de seguidores. La tarea para el aficionado, claro, será encontrar la voz que encaje mejor con sus propios gustos.

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La vendimia se vive con fiesta

En una provincia atada al vino como es Valladolid, los meses de septiembre y octubre se viven de una forma diferente. De una manera más viva, más plena, más festiva. Es tiempo de vendimia, de recoger la uva que ha crecido durante los meses previos. Es hora de iniciar de nuevo un proceso centenario, un verdadero rito, que culminará cuando alguien abra una botella y se sirva uno de los caldos que riegan nuestra tierra.

La celebración de la vendimia, la recogida de esos frutos que dan identidad a una localidad o a toda una comarca, ha dado pie a verdaderas fiestas en muchos de nuestros municipios. Así, estas fechas se convierten en perfectas excusas para visitar nuestra provincia, para acercarse a una labor con siglos de historia y apegada a ciertas costumbres imposibles de pasar por alto.

La de Cigales es la Fiesta de la Vendimia más antigua de todas cuantas se celebran no sólo en Valladolid, sino en Castilla y León. Declarada de Interés Turístico Regional, en ella participan las bodegas y los ayuntamientos que forman parte de esta Denominación de Origen. La plaza del Lagunajo acoge uno de los momentos más representativos de estos días de fiestas en los que se realizan conferencias, catas y exposiciones relacionadas con el mundo del vino. Vendimiadores y bodegueros acompañan al pregonero y, a continuación, tiene lugar el pisado de la uva de la manera tradicional para obtener así el primer mosto del año.

Si la de Cigales tiene por lo general en septiembre sus fechas de celebración, en Rueda esperan hasta el segundo fin de semana de octubre para festejar su vendimia en unos actos que también cuentan con la catalogación de Interés Turístico Regional. Los vecinos de la localidad regresan al pasado, vestidos con los trajes típicos de la zona, para pisar las uvas igual que hicieron sus antepasados durante generaciones. Degustaciones gratuitas y diversos talleres difunden el verdejo tan característico de esta comarca que se vuelca con una fiesta en la que se muestra orgullosa de su tradición.

La vendimia es el marco en el que cada año se enmarca Riberjoven, el encuentro enoturístico con el que Peñafiel pone en valor los caldos que se elaboran en la Ribera del Duero y de la que esta localidad es uno de sus centros principales de producción. Serrada o Melgar de Abajo, donde la cultura vinícola se encuentra también profundamente arraigada, cuentan también con sus propias fiestas en estas fechas de vendimia en las que todos los visitantes son bienvenidos.

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La calidad lleva sello de Valladolid

El vino es, sin duda, uno de los productos con los que cualquiera puede identificar a la provincia de Valladolid, gracias a las varias denominaciones de origen que comparten territorio y ofrecen caldos de diferente tono pero idéntica calidad. Pero, además de por su producción vinícola, Valladolid ofrece a quienes lo visitan una muestra gastronómica extensa en cantidad y brillante en sus cualidades.

Eso garantizan, al menos, los sellos de Marca de Garantía o de Indicación Geográfica Protegida con los que cuentan varios de nuestros productos más emblemáticos. Uno de ellos, el lechazo, posee el marchamo de la IGP desde hace dos décadas, y es el producto estrella de las decenas de asadores que existen en la provincia. Desde hace unos años, unas jornadas gastronómicas dedicadas al cordero lechal difunden por nuestra geografía la excelencia de esta carne de las razas churra castellana y ojalada y que crece en la cuenca del Duero.

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También la lenteja pardina, una de las variedades más extendidas en la comunidad junto a la verdina y la castellana, posee el respaldo de contar con la indicación geográfica protegida a la hora de hablar de su calidad. Los Montes Torozos y la comarca de Tierra de Campos son los espacios en los que, en nuestra provincia, se concentra fundamentalmente su cultivo. Un suelo limpio y a salvo de contaminación que, en combinación con unas condiciones climáticas muy concretas, ofrece una lenteja de pequeño diámetro de sabor suave que deja un gusto suave en el paladar de quien la prueba.

Un menú como el que podemos disfrutar en nuestra provincia estaría incompleto sin una buena porción de pan del que se produce en esta tierra, y cuyas distintas variedades se agrupan en la marca de garantía ‘Pan de Valladolid. A la cabeza de todos los tipo de pan que encontramos en Valladolid, el popular ‘lechuguino’, de cuidado aspecto y con una flor en el centro de su corteza, elaborado con harina de trigo candeal que se cultiva en pequeñas plantaciones. No es difícil reconocer un buen ‘lechuguino’, por su aspecto exterior, su corteza dorada y brillante, y por su gusto en la boca, la miga compacta y uniforme que es otra de sus características más reseñables.

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Comer en Valladolid es siempre una oportunidad de acercarse a productos de calidad que nos conectan de forma inmediata a la tradición y a la historia. Saborearlos con una copa de vino es un placer insuperable, que puede acompañarse disfrutando de las fiestas de la vendimia de Cigales o Serrada.

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La revolución de la cerveza en Valladolid

Al igual que durante los largos viajes en avión la tripulación de servicio ofrece a los pasajeros “café o té”, en la provincia de Valladolid ofrecemos a quien nos visita “vino o cerveza”.

Casasola, Las Llaves de San Pedro, La Loca Juana, Lüge, Milana, La Real del Duero, El Secreto del Abad y Vier son algunas de las cerveceras artesanas que en los últimos años han crecido por toda la provincia vallisoletana. Además, cada vez son más los intrépidos que se lanzan a la aventura de este tipo de cerveza.

El proceso de elaboración de la cerveza es más sencillo de lo que parece. Es bien sabido que el ingrediente fundamental para la elaboración de la cerveza es la cebada. Existen dos variedades de este tipo de cereal, la cebada de seis carreras o caballar y cebada de dos carreras o cervecera. Por suerte para los cerveceros artesanos de la provincia, la cebada de dos carreras, es el cultivo más extendido en ella. El agua es también fundamental para la elaboración de la cerveza y, la provincia de Valladolid dispone de un agua idónea para ello; agua muy dura por su alto contenido en cal que favorece la fermentación.

A pesar de que los artesanos cerveceros de la provincia de Valladolid lleven poco tiempo con la actividad cervecera, el producto que ofrecen no tiene nada que envidiar al que ofrecen en otros lugares con amplio recorrido y fama en esta materia. De hecho, ninguno de los cerveceros artesanos asentados en la provincia de Valladolid se ha conformado con elaborar una sola variedad de cerveza. Además de jugar en la inclusión de otros tipos de cereales como el trigo, y lúpulos para aromatizar y dar sabor amargo a la cerveza, juegan con la temperatura de la fermentación para producir las dos variedades principales de cerveza:

Lager, que fermenta a una temperatura de entre 0 y 4 grados. Éstas, son cervezas ligeras, espumosas, suaves, de color ambarino o negro.

Ale,  cervezas que fermentan a temperaturas superiores que las Lager, pueden alcanzar los 24 grados. Son muy aromáticas, con cuerpo y sabor muy marcado.

La cantidad de cereal cultivado en la provincia, donde destaca el cultivo de cebada cervecera, la idoneidad del agua y la sencillez del proceso de elaboración de la cerveza, son las razones por las que Valladolid se ha unido al boom de la cerveza artesana que fermenta en botella y no llevan carbónico añadido.

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De viaje por el norte de Valladolid

El norte de la provincia de Valladolid, en el límite con la de León, es también tierra de vinos y de oportunidades para perderse por localidades cargadas de historia, patrimonio y arte.

Aunque la Denominación de Origen Tierra de León se extiende en su mayor parte por la provincia que le da nombre, abarca una veintena de municipios vallisoletanos que tienen en el vino uno de sus pilares. Localidades como Mayorga, donde podemos visitar el Museo del Pan,  Castroponce o Becilla de Valderaduey comparten espacio geográfico con esta zona dominada por grandes extensiones de terreno donde los campos de Castilla se pierden en el horizonte.

Tradiciones que han pasado de generación en generación y que hunden sus raíces en festividades paganas se mantienen con vida y se abren a los viajeros que visitan sus pueblos. Sillares de piedra de antiguas iglesias conviven con las típicas construcciones de adobe que se mantienen firmas, desafiantes al paso del tiempo y abiertas a los ojos de quienes pasan por aquí.

En Villabrágima, la que se cree que fue la ‘Villa Máxima’ romana, sobreviven numerosas casa de piedra de dos alturas y se presenta al visitante con una gran puerta medieval con arco de medio punto y una gran torre que lo transporta de inmediato siglos atrás.

Villabragima

Aunque sus tierras no formen parte de esta denominación de origen, una ruta por la zona no debería pasar por alto Medina de Rioseco. La ciudad, declarada Conjunto Histórico Artístico, alcanzó su mayor espelendor entre los siglos XV y XVII, coincidiendo con el asentamiento de los Almirantes de Castilla. Un recorrido por sus calles nos guiará de manera irremediable hasta el museo dedicado a la Semana Santa, donde se guardan los pasos que salen en procesión en unas fechas que aquí se viven con un fervor especial. No obstante, la Semana Santa de Medina de Rioseco está declarada como de Interés Turístico Internacional.

En la Ciudad de los Almirantes también podemos contemplar el Museo de Arte Sacro de San Francisco o iglesias como la de Santa María de Mediavilla, que atesora verdaderas joyas de la imaginería. claro, podremos pasear por el Ramal de Campos del  Canal de Castilla, una de las construcciones más características de la provincia y un punto desde el que acercarse al rico patrimonio cultural de las localidades que atraviesa. La embarcación “Antonio de Ulloa” realiza diferentes viajes atravesando esclusas desde el Centro de Recepción de Viajeros ubicado en la dársena de Medina de Rioseco.

Tordehumos o Villafrechós, Villabrágima o Bolaños de Campos, son otros nombres que se asoman en el camino de quienes se deciden a recorrer el norte de nuestra provincia. Tierra de Campos es un escenario propicio para adentrarse en tradiciones centenarias, para dejarse seducir por una gastronomía pegada al terreno y de mirar con otros ojos una zona de la provincia rica y orgullosa de su pasado.

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Pueblos del vino, provincia de Valladolid, enoturismo, Phil González.

La imagen eterna

Phil González (@philgonzalez si atendemos a su identidad en Instagram) creó Instagramers, la comunidad para verdaderos fanáticos de esta red social que comparten su afición a la fotografía en el mundo virtual y también en el físico. Ejemplo de esto último son encuentros como el que, bajo la nombre genérico de #pueblosdelvino, acogió la provincia vallisoletana en 2013.  En esta cita no faltó Luis Duque (@__luisan), uno de los responsables de Igers Valladolid. El resultado, como ya hemos visto con anterioridad, son instantáneas en las que el vino, nuestros pueblos y sus gentes quedan retratados con la precisa y particular mirada de cada uno de los participantes.

Pueblos del vino, provincia de Valladolid, enoturismo, Phil González.

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Pueblos del vino, provincia de Valladolid, enoturismo, Luis Duque.

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