Dentro del laberinto del vino

Hoy os invitamos a conocer nuestra provincia de una manera un poco diferente a la habitual. Distinta porque no viajaremos por la superficie, a la luz del sol, pasando cerros y pinares. Nuestra ruta de hoy la haremos bajo tierra, a varios metros de profundidad donde, os lo aseguramos, también encontraréis motivos para sorprenderos y asombraros.

¿Y qué encontramos si nos adentramos en este viaje subterráneo? Si habéis pensado en la vinculación de la provincia de Valladolid con el mundo del vino, seguro que habéis pensado en bodegas. Bajo nuestros pies se extienden auténticos laberintos, con siglos de antigüedad en muchos casos, que guardan en su interior auténticas joyas en forma de barricas y botellas llenas de vino.

Muchas de ellas están abiertas para los visitantes que quieran acercarse a la cultura vinícola desde un punto algo diferente convencional. De comprobar en primera persona cómo los medios que se pusieron en marcha para preservar este preciado líquido siguen funcionando en pleno siglo XXI.

En Cigales, por ejemplo, podemos visitar una bodega que cuenta con 300 años de historia detrás y en su interior podemos ver utensilios, hoy auténticas antigüedades, que se han empleado desde hace generaciones para hacer del tratamiento del vino algo más sencillo.

Paramos ahora en Rueda para detenernos en uno de esos laberintos de los que hablábamos al principio. Con ese concepto, de hecho, juegan en esta bodega para dejar con la boca abierta a los visitantes que se decidan a pasar un buen rato allí y disfrutar, además, de su restaurante. Cuevas mudéjares recuperadas que nos recuerdan los estragos que puede provocar el paso del tiempo, pero también la magia que consigue al convertir el jugo extraído de las uvas en un vino fantástico. 

En la zona de la Ribera del Duero, en Peñafiel, bajo la falda de la montaña donde se levanta el castillo, sede del Museo Provincial del Vino, podemos adentrarnos en una de estas bodegas subterráneas que hablan, como pocas otras construcciones, del carácter y de la esencia de Valladolid. En este caso, un paseo de hasta dos kilómetros por estas galerías nos pondrán en contacto con lo mejor de la Ribera del Duero.

Y ahora, ¿os apetece un paseo bajo tierra?

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