La calidad lleva sello de Valladolid

El vino es, sin duda, uno de los productos con los que cualquiera puede identificar a la provincia de Valladolid, gracias a las varias denominaciones de origen que comparten territorio y ofrecen caldos de diferente tono pero idéntica calidad. Pero, además de por su producción vinícola, Valladolid ofrece a quienes lo visitan una muestra gastronómica extensa en cantidad y brillante en sus cualidades.

Eso garantizan, al menos, los sellos de Marca de Garantía o de Indicación Geográfica Protegida con los que cuentan varios de nuestros productos más emblemáticos. Uno de ellos, el lechazo, posee el marchamo de la IGP desde hace dos décadas, y es el producto estrella de las decenas de asadores que existen en la provincia. Desde hace unos años, unas jornadas gastronómicas dedicadas al cordero lechal difunden por nuestra geografía la excelencia de esta carne de las razas churra castellana y ojalada y que crece en la cuenca del Duero.

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También la lenteja pardina, una de las variedades más extendidas en la comunidad junto a la verdina y la castellana, posee el respaldo de contar con la indicación geográfica protegida a la hora de hablar de su calidad. Los Montes Torozos y la comarca de Tierra de Campos son los espacios en los que, en nuestra provincia, se concentra fundamentalmente su cultivo. Un suelo limpio y a salvo de contaminación que, en combinación con unas condiciones climáticas muy concretas, ofrece una lenteja de pequeño diámetro de sabor suave que deja un gusto suave en el paladar de quien la prueba.

Un menú como el que podemos disfrutar en nuestra provincia estaría incompleto sin una buena porción de pan del que se produce en esta tierra, y cuyas distintas variedades se agrupan en la marca de garantía ‘Pan de Valladolid. A la cabeza de todos los tipo de pan que encontramos en Valladolid, el popular ‘lechuguino’, de cuidado aspecto y con una flor en el centro de su corteza, elaborado con harina de trigo candeal que se cultiva en pequeñas plantaciones. No es difícil reconocer un buen ‘lechuguino’, por su aspecto exterior, su corteza dorada y brillante, y por su gusto en la boca, la miga compacta y uniforme que es otra de sus características más reseñables.

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Comer en Valladolid es siempre una oportunidad de acercarse a productos de calidad que nos conectan de forma inmediata a la tradición y a la historia. Saborearlos con una copa de vino es un placer insuperable, que puede acompañarse disfrutando de las fiestas de la vendimia de Cigales o Serrada.

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