¿Por qué se dice sopa castellana?

Seguro que muchas veces os habréis preguntado por qué la sopa es “castellana” y no de cualquier otra región, ya que puedes comerla en distintos puntos de la geografía española.

Pues bien, hoy os vamos a desvelar el porqué de este nombre. Pero antes, para los que no hayan probado una buena sopa castellana, queremos contar en qué consiste este plato típico. Como buen potaje, ayuda a combatir las bajas temperaturas, que en esta tierra se padecen en invierno.

Sus ingredientes son agua muy caliente, rebanadas finas de pan de pueblo (hogaza), dientes de ajo para dar ese gusto picantillo que enciende el motor del estómago, pimentón dulce que da ese toque rojizo al plato y por último, cuando esté todo mezclado, se echan un par de huevos encima, de uno en uno, hasta que estén bien escalfados. No debemos confundir nunca con la sopa de ajo.

¿De dónde procede este típico potaje?

Según cuentan, en la antigüedad las sopas castellanas era un almuerzo típico de la gente humilde, porque se hacían para aprovechar el pan que había sobrado el día anterior. Además era (y es) uno de  los platos típicos de la cuaresma que contribuía al olor a ajo de las calles de muchos pueblos de España durante la Semana Santa. Un plato más que adecuado a las costumbres religiosas, ya que no incluía carne en su elaboración. Recuerda a la sobriedad que deben acompañar estas fechas.

Variantes de la sopa castellana:

En Andalucía, en vez de pan se echa coliflor. Además carece de pimentón y se sirve espesa.  En la costa suelen acompañarla con trocitos de pescado.

Otra vertiente es la sopa manchega, que en vez de pimentón se cocina con pimientos choriceros, al igual que en Navarra. En esta última se añaden, incluso, pedazos de tomate natural.

En Aragón se echan huevos y picatostes.

¿Es lo mismo que la sopa de ajo?

No. Rotundamente, no. La sopa de ajo es espesa, ya que se deja reposar durante más tiempo para que el pan absorba todo el caldo. Además, en una elaboración tradicional completa, debe terminar en el horno, donde el pan queda bien empapado y, sobre él, una capa dura y tostada, que cruje al masticarla.

¡Ah! Y no lo olvides: con un buen vino todo sabe mejor.  ¿Qué tipo de vino dirías que le va mejor a este plato? Nosotros os la recomendamos con un buen tinto de los que muchos que salen cada año de las distintas denominaciones de origen de Valladolid.

Buen provecho.

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