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Viaje gastronómico por la provincia de Valladolid

El mejor vino posible es siempre mejor cuando acompaña el mejor plato posible en la mesa. Acompañar los caldos de las denominaciones de origen que conviven en Valladolid con las exquisiteces que preparan nuestros cocineros es un placer al que pocos nos podemos resistir.

Hoy, os proponemos conocer la provincia de Valladolid a través de algunos de los restaurantes más reconocidos y de mayor prestigio de los que tenemos la suerte de contar por aquí. Entre ellos, los de los dos únicos que pueden presumir de contar con una estrella Michelin, el cielo gastronómico en el que pocos son los elegidos. En Valladolid tenemos que desplazarnos hasta Matapozuelos o hasta Sardón de Duero para poder disfrutar de ellos. En la primera de estas localidades, entre viñedos de la DO Rueda, se encuentra el restaurante La Botica. Una antigua casa de labranza, que albergó también una farmacia, es ahora el espacio donde el chef Miguel Ángel de la Cruz se pone a los mandos de unos fogones de los que salen platos con un marcado sabor local en los que no duda en emplear las piñas de los pinares que salpican el entorno.

En Sardón de Duero, y ligado a Abadía Retuerta –uno de los emblemas de la Ribera del Duero– encontramos Refectorio, pilotado por el chef Pablo Montero y que tiene entre sus principales armas para seducir a los comensales su visión creativa de la tradición y la utilización de productos locales para elaborar sus platos. La localización del restaurante, entre viñas en un territorio que vive para el vino, es otro de sus atractivos indiscutibles.

Valladolid cuenta también con un buen puñado de locales distinguidos con el Sol de Repsol, otro indicador de buena mesa al que solamente pueden aspirar algunos pocos elegidos. Junto a La Botica, que cuenta con dos de estos distintivos, y Refectorio, podemos encontrar locales tanto en la capital (Trigo, Ramiro’s) como por el resto de la provincia.

En Castrillo de Duero, los responsables de Cepa21, proyecto vinícola ligado a otra bodega de referencia de la Ribera del Duero como Emilio Moro, completan su oferta con un restaurante comandado por Alberto Soto, ‘Mejor cocinero de Castilla y León 2014’ para la Academia Castellana y Leonesa de Gastronomía y Alimentación.

¿Más propuestas para visitar Valladolid a golpe de sabrosos platos? En Fuente de la Aceña (Quintanilla de Onésimo), o Llantén, en el Pinar de Antequera, muy cerca de la capital, encontraréis otras propuestas gastronómicas que cuentan también con el respaldo de la crítica más exigente y en la que podréis saborear lo mejor que ofrece la provincia. Con una copa de vino, por supuesto.

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Atrévete con los vinos dulces estas navidades

Con la Navidad a la vuelta de la esquina, las familias a punto de reunirse y el menú de estos días tan especiales casi cerrado, aún falta algo muy importante. Si aún no tomáis un buen vino dulce con los dulces navideños, ya es hora de empezar a hacerlo. ¿Sabéis qué caldos son los más adecuados para acompañar el Roscón de Reyes y los típicos dulces navideños?

Los vinos dulces son aquellos que contienen un mayor número de azúcares en su composición, de ahí que su sabor sea más adecuado para acompañar todo tipo de aperitivos y postres navideños. El grado de azúcar que contiene el vino debe estar de acuerdo con el del postre para no opacar el sabor del dulce. Los dos elementos deben estar en consonancia para realzar las texturas durante su consumo.

En la provincia de Valladolid tenemos la gran suerte de contar con caldos ideales para cada ocasión. Los vinos dulces de la provincia se producen en las zonas de Cigales, Toro y Rueda.

La zona de Cigales destaca por sus vinos suaves y con colores intensos. Desde el año 2011, dentro de la DO Cigales se encuentran los vinos dulces. Como curiosidad, ese mismo año se introdujo en el mercado el primer vino dulce rosado. Los dulces de tipo cremoso, como las mousses o los helados, son los postres más recomendables para un buen vino dulce de Cigales.

Otra zona que también tiene un buen vino dulce para acompañar los manjares navideños es la que abarca la DO Toro que comprende parte de Zamora y parte de Valladolid. En ella se encuentran vinos dulces elaborados con la variedad Albillo. A pesar de que dicha Denominación de Origen no los reconoce, estos vinos dulces se han elaborado desde siempre. Además, en los últimos tiempos están viendo crecer su consumo.

Los semidulces también son otra opción con la que acertar a la hora de elegir un vino para el postre. La zona de Rueda tiene una gran selección de caldos dulces y semidulces para estas fechas. Los vinos dulces de la comarca son los que mejor conjugan con las tartaletas de frutas y con todo tipo de pastas vallisoletanas.

El vino moscatel tan típico de algunas zonas de la provincia es el mejor aliado del chocolate blanco y de la fruta del tiempo. El maridaje de los dos ingredientes potencia los sabores de ambos y hace que el postre sea el mejor momento de la cena.

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Vino espumoso, la opción más versátil para estas fiestas en Valladolid

Lo dicen las noticias: los vinos espumosos serán los reyes de estas fiestas. Pese a que hay numerosas opciones para acompañar las copiosas cenas (y comidas) de estos días, hasta los expertos recomiendan un buen vino de aguja para que nos ayude a digerir cualquier plato en uno de estos banquetes familiares.

Muchos son los sibaritas del vino que, a la hora de sentarse a la mesa a degustar los manjares navideños, prefieren un caldo con su toque burbujeante disuelto. Este añadido puede conseguirse de distintas maneras a la hora de obtener el vino; por ejemplo, existe la opción de someterlo a una segunda fermentación, como el champán; aunque también se puede gasificar el caldo primero y embotellarlo después, o bien inyectar el gas mediante un método industrial, a la manera de los refrescos carbonatados.

Valladolid cuenta con una oferta muy variada entre los caldos que conforman sus denominaciones de origen para regalarle ese cosquilleo tan característico a nuestro paladar estas Navidades. En esta provincia, la oferta más pujante viene de mano de la DO Rueda, que dedica un número generoso de bodegas a la elaboración de estos espumosos en distintas zonas.

Así, algunas bodegas como Emina, en Medina del Campo; Félix Sanz, en Rueda; Hijos de Alberto Gutiérrez, en Serrada, y Reina de Castilla, en La Seca, trabajan con las uvas y el gas hasta conseguir vinos de aguja secos, semisecos, brut, brutnature y rosados. En sus procesos, muchos de ellos incluso apuestan por productos sin alcohol, en vista a que los más pequeños se sientan en la cena “un poquito mayores” sin poner en peligro su salud.

Gracias a este trabajo, podemos disfrutar de vinos de aguja tan notorios como el Palacio de Bornos, pero hay muchos más. Las distintas variedades de Cantosan que brinda el Grupo Yllera, los Cuatro Rayas, el Carrasviñas, de Bodegas Félix Lorenzo Cachazo; el Añ, de Bodegas Antaño, y el Vicaral, de Bodegas Vicente Sanz Rodilana, son solo algunas de las posibilidades que brinda esta provincia en su oferta de verdejos y vinos espumosos de calidad.

Por su parte, la DO Ribera del Duero también ostenta unos cuantos espumosos al margen de su célebre oferta de tintos. Uno de los más prestigiosos se fabrica en la burgalesa Bodegas Peñalba López, la única amparada por el Consejo Regulador del Cava.Bajo esta denominación, Valladolid aporta el Txapana de las Bodegas Arzuaga Navarro.

La gran mayoría de los espumosos de la DO Toro proviene, como es lógico, de Zamora; aunque eso no fue óbice para que Valladolid apostara fuerte con el Ariane Blanco, de las Bodegas Liberaria; o que un pastelero de Medina del Campo elaborara, en 2011, un turrón a partir de uno de estos vinos. La creatividad también tiene cabida entre estos caldos y nuestra región; para muestra, la reciente creación de un vino espumoso de zanahoria de mano de tres jóvenes de Portillo.

Finalmente, la Denominación de Origen Cigales contribuye a la causa de los vinos de aguja con propuestas como los Peñalba López blanco y rosado, el Docetañidos rosé de Félix Lezcano o el Bosque Real, de las Bodegas Santa Rufina. Por su parte, la DO Tierra de León también cuenta en su haber con unos característicos vinos espumosos. Sus caldos rosados de aguja se obtienen a partir de una técnica vinícola muy particular, conocida como madreo.

En este proceso, el vino va recibiendo durante su fermentación nuevos racimos de uva (por lo general, una variedad conocida como Prieto Picudo), que brindan unas finas burbujas en el vino. Estas resultan muy difíciles de conservar, pero dejan una persistencia en la boca tan inconfundible como inimitable.

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