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Saboreando la provincia de Valladolid

Un museo, si nos atenemos a la definición de la RAE, es una institución que guarda colecciones de objetos y elementos de todo tipo que ilustran las actividades del hombre o culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos.

Varios museos en Valladolid se encargan de proteger y difundir el patrimonio gastronómico de la provincia, uno de sus principales activos y un reclamo para los visitantes que se dejan caer por esta tierra. El vino, puede que su producto más reconocible, cuenta en Peñafiel con un gran museo ubicado en el castillo que se dedica a su promoción.

Otro de los productos representativos de la gastronomía vallisoletana es el pan, cuyo Museo del Pan  ubicado en Mayorga. La harina, fundamental para elaborar el pan, encuentra en Medina de Rioseco, en concreto junto a la dársena del Canal de Castilla, un espacio propio. Ahí es donde se encuentra la antigua fábrica de harinas de San Antonio, conservada en perfecto estado y abierta a quien quiera conocer por dentro cómo era en sus días de frenética actividad. Días de Revolución Industrial a orillas del Duero en los que esta harinera aprovechaba la fuerza del Canal para molturar el grano. Más de un siglo después todavía se conservan en perfecto estado sus instalaciones, la turbina o los molinos que hacían posible la elaboración de harina.
El Museo del Queso de Villalón es otro de estos lugares en los que la tradición de una actividad, en este caso la elaboración de quesos en esta localidad desde hace siglos, encuentra un espacio en el que mantenerse viva y llegar a un público amplio. Saborear este producto con los cinco sentidos, abordar de una manera global el regalo que obtenemos de la leche recién ordeñada de las ovejas. En la web de este museo podemos ver el recorrido que nos proponen para disfrutar como nunca de un queso con identidad propia.

En la zona este de la provincia de Valladolid, es posible visitar el Museo de la Harina y la Miel , en Olmos de Peñafiel, ubicado en un viejo molino en el que los visitantes conocerán la manera en la que se transportaba el trigo y se trabajaba hasta convertirlo en harina en la aceña. En este mismo centro también nos podemos acercar al comportamiento de las abejas, la forma en la que se agrupan dentro de la colmena y el proceso que llevan a cabo para elaborar un producto tan fascinante como la miel.

Tradiciones centenarias muy ligadas a nuestra tierra, como la matanza, tienen reflejo también en un centro de interpretación localizado en Palazuelo de Vedija. Un punto obligado para conocer las herramientas, los procesos y los productos que se relacionan con un rito enraizado en la Tierra de Campos en la que está enclavado este centro.

Un recorrido por la provincia, permitirá descubrir varios centros museísticos que dan visibilidad a los productos que hacen de Valladolid un destacado centro gastronómico.

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De viaje por el norte de Valladolid

El norte de la provincia de Valladolid, en el límite con la de León, es también tierra de vinos y de oportunidades para perderse por localidades cargadas de historia, patrimonio y arte.

Aunque la Denominación de Origen Tierra de León se extiende en su mayor parte por la provincia que le da nombre, abarca una veintena de municipios vallisoletanos que tienen en el vino uno de sus pilares. Localidades como Mayorga, donde podemos visitar el Museo del Pan,  Castroponce o Becilla de Valderaduey comparten espacio geográfico con esta zona dominada por grandes extensiones de terreno donde los campos de Castilla se pierden en el horizonte.

Tradiciones que han pasado de generación en generación y que hunden sus raíces en festividades paganas se mantienen con vida y se abren a los viajeros que visitan sus pueblos. Sillares de piedra de antiguas iglesias conviven con las típicas construcciones de adobe que se mantienen firmas, desafiantes al paso del tiempo y abiertas a los ojos de quienes pasan por aquí.

En Villabrágima, la que se cree que fue la ‘Villa Máxima’ romana, sobreviven numerosas casa de piedra de dos alturas y se presenta al visitante con una gran puerta medieval con arco de medio punto y una gran torre que lo transporta de inmediato siglos atrás.

Villabragima

Aunque sus tierras no formen parte de esta denominación de origen, una ruta por la zona no debería pasar por alto Medina de Rioseco. La ciudad, declarada Conjunto Histórico Artístico, alcanzó su mayor espelendor entre los siglos XV y XVII, coincidiendo con el asentamiento de los Almirantes de Castilla. Un recorrido por sus calles nos guiará de manera irremediable hasta el museo dedicado a la Semana Santa, donde se guardan los pasos que salen en procesión en unas fechas que aquí se viven con un fervor especial. No obstante, la Semana Santa de Medina de Rioseco está declarada como de Interés Turístico Internacional.

En la Ciudad de los Almirantes también podemos contemplar el Museo de Arte Sacro de San Francisco o iglesias como la de Santa María de Mediavilla, que atesora verdaderas joyas de la imaginería. claro, podremos pasear por el Ramal de Campos del  Canal de Castilla, una de las construcciones más características de la provincia y un punto desde el que acercarse al rico patrimonio cultural de las localidades que atraviesa. La embarcación “Antonio de Ulloa” realiza diferentes viajes atravesando esclusas desde el Centro de Recepción de Viajeros ubicado en la dársena de Medina de Rioseco.

Tordehumos o Villafrechós, Villabrágima o Bolaños de Campos, son otros nombres que se asoman en el camino de quienes se deciden a recorrer el norte de nuestra provincia. Tierra de Campos es un escenario propicio para adentrarse en tradiciones centenarias, para dejarse seducir por una gastronomía pegada al terreno y de mirar con otros ojos una zona de la provincia rica y orgullosa de su pasado.

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