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Ideas para disfrutar del turismo activo en Valladolid

Valladolid es tierra de vino, eso lo tenemos claro, y más en un espacio como este donde os invitamos a conocer este elemento desde multitud de puntos de vista diferentes. Visitar la provincia para perderse entre sus viñedos y conocer el interior de las bodegas donde se elaboran caldos reconocidos internacionalmente es una opción de ocio en casi cualquier época del año.

Conocer desde este punto de vista nuestra tierra cuenta con indudables atractivos para que la visita merezca la pena por sí sola. Pero siempre hay una posibilidad de complementar esa aventura enológica con algunos de los planes de turismo activo que pueden disfrutarse en la provincia.

El contacto con la naturaleza y las actividades al aire libre que nos saquen durante un tiempo de la vida urbanita son un valor para un cada vez mayor número de turistas, encantados con la posibilidad de afrontar una escapada perfecta para la salud mental y también para la física.

La provincia cuenta con varios centros ecuestres que nos abren la puerta a realizar una ruta a caballo por algunos de sus enclaves más característicos. Desde ellos, además, estaremos perfectamente situados para conocer las zonas más representativas de Valladolid dedicadas a la elaboración del vino. Estos centros se encuentran, por ejemplo, en Cabezón de Pisuerga y Mucientes, en plena Ruta del Vino de Cigales; en Curiel de Duero, en la Ribera del Duero, o en Olmedo, localidad enclavada en medio de la Denominación de Origen Rueda.

Si preferimos la bici al caballo, siempre tendremos la posibilidad de rodar por senderos vallisoletanos y recorrer las riberas de los ríos Duero y Esgueva. Y si lo nuestro es el senderismo, aquí os proponemos también ideas para un plan activo por nuestra provincia.

Pero, como nada mejor que tomar algo de perspectiva para conocer de verdad algo, os invitamos también a contemplar Valladolid desde el aire. Subir a un globo y dejarse llevar por encima de nuestra tierra puede ser también un complemento idóneo a un viaje que nos permita conocer nuestra provincia de una manera diferente. Os invitamos a disfrutarla de la manera que más os seduzca. Pero, por supuesto, con una copa de vino.

 

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Saboreando la provincia de Valladolid

Un museo, si nos atenemos a la definición de la RAE, es una institución que guarda colecciones de objetos y elementos de todo tipo que ilustran las actividades del hombre o culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos.

Varios museos en Valladolid se encargan de proteger y difundir el patrimonio gastronómico de la provincia, uno de sus principales activos y un reclamo para los visitantes que se dejan caer por esta tierra. El vino, puede que su producto más reconocible, cuenta en Peñafiel con un gran museo ubicado en el castillo que se dedica a su promoción.

Otro de los productos representativos de la gastronomía vallisoletana es el pan, cuyo Museo del Pan  ubicado en Mayorga. La harina, fundamental para elaborar el pan, encuentra en Medina de Rioseco, en concreto junto a la dársena del Canal de Castilla, un espacio propio. Ahí es donde se encuentra la antigua fábrica de harinas de San Antonio, conservada en perfecto estado y abierta a quien quiera conocer por dentro cómo era en sus días de frenética actividad. Días de Revolución Industrial a orillas del Duero en los que esta harinera aprovechaba la fuerza del Canal para molturar el grano. Más de un siglo después todavía se conservan en perfecto estado sus instalaciones, la turbina o los molinos que hacían posible la elaboración de harina.
El Museo del Queso de Villalón es otro de estos lugares en los que la tradición de una actividad, en este caso la elaboración de quesos en esta localidad desde hace siglos, encuentra un espacio en el que mantenerse viva y llegar a un público amplio. Saborear este producto con los cinco sentidos, abordar de una manera global el regalo que obtenemos de la leche recién ordeñada de las ovejas. En la web de este museo podemos ver el recorrido que nos proponen para disfrutar como nunca de un queso con identidad propia.

En la zona este de la provincia de Valladolid, es posible visitar el Museo de la Harina y la Miel , en Olmos de Peñafiel, ubicado en un viejo molino en el que los visitantes conocerán la manera en la que se transportaba el trigo y se trabajaba hasta convertirlo en harina en la aceña. En este mismo centro también nos podemos acercar al comportamiento de las abejas, la forma en la que se agrupan dentro de la colmena y el proceso que llevan a cabo para elaborar un producto tan fascinante como la miel.

Tradiciones centenarias muy ligadas a nuestra tierra, como la matanza, tienen reflejo también en un centro de interpretación localizado en Palazuelo de Vedija. Un punto obligado para conocer las herramientas, los procesos y los productos que se relacionan con un rito enraizado en la Tierra de Campos en la que está enclavado este centro.

Un recorrido por la provincia, permitirá descubrir varios centros museísticos que dan visibilidad a los productos que hacen de Valladolid un destacado centro gastronómico.

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La calidad lleva sello de Valladolid

El vino es, sin duda, uno de los productos con los que cualquiera puede identificar a la provincia de Valladolid, gracias a las varias denominaciones de origen que comparten territorio y ofrecen caldos de diferente tono pero idéntica calidad. Pero, además de por su producción vinícola, Valladolid ofrece a quienes lo visitan una muestra gastronómica extensa en cantidad y brillante en sus cualidades.

Eso garantizan, al menos, los sellos de Marca de Garantía o de Indicación Geográfica Protegida con los que cuentan varios de nuestros productos más emblemáticos. Uno de ellos, el lechazo, posee el marchamo de la IGP desde hace dos décadas, y es el producto estrella de las decenas de asadores que existen en la provincia. Desde hace unos años, unas jornadas gastronómicas dedicadas al cordero lechal difunden por nuestra geografía la excelencia de esta carne de las razas churra castellana y ojalada y que crece en la cuenca del Duero.

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También la lenteja pardina, una de las variedades más extendidas en la comunidad junto a la verdina y la castellana, posee el respaldo de contar con la indicación geográfica protegida a la hora de hablar de su calidad. Los Montes Torozos y la comarca de Tierra de Campos son los espacios en los que, en nuestra provincia, se concentra fundamentalmente su cultivo. Un suelo limpio y a salvo de contaminación que, en combinación con unas condiciones climáticas muy concretas, ofrece una lenteja de pequeño diámetro de sabor suave que deja un gusto suave en el paladar de quien la prueba.

Un menú como el que podemos disfrutar en nuestra provincia estaría incompleto sin una buena porción de pan del que se produce en esta tierra, y cuyas distintas variedades se agrupan en la marca de garantía ‘Pan de Valladolid. A la cabeza de todos los tipo de pan que encontramos en Valladolid, el popular ‘lechuguino’, de cuidado aspecto y con una flor en el centro de su corteza, elaborado con harina de trigo candeal que se cultiva en pequeñas plantaciones. No es difícil reconocer un buen ‘lechuguino’, por su aspecto exterior, su corteza dorada y brillante, y por su gusto en la boca, la miga compacta y uniforme que es otra de sus características más reseñables.

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Comer en Valladolid es siempre una oportunidad de acercarse a productos de calidad que nos conectan de forma inmediata a la tradición y a la historia. Saborearlos con una copa de vino es un placer insuperable, que puede acompañarse disfrutando de las fiestas de la vendimia de Cigales o Serrada.

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La revolución de la cerveza en Valladolid

Al igual que durante los largos viajes en avión la tripulación de servicio ofrece a los pasajeros “café o té”, en la provincia de Valladolid ofrecemos a quien nos visita “vino o cerveza”.

Casasola, Las Llaves de San Pedro, La Loca Juana, Lüge, Milana, La Real del Duero, El Secreto del Abad y Vier son algunas de las cerveceras artesanas que en los últimos años han crecido por toda la provincia vallisoletana. Además, cada vez son más los intrépidos que se lanzan a la aventura de este tipo de cerveza.

El proceso de elaboración de la cerveza es más sencillo de lo que parece. Es bien sabido que el ingrediente fundamental para la elaboración de la cerveza es la cebada. Existen dos variedades de este tipo de cereal, la cebada de seis carreras o caballar y cebada de dos carreras o cervecera. Por suerte para los cerveceros artesanos de la provincia, la cebada de dos carreras, es el cultivo más extendido en ella. El agua es también fundamental para la elaboración de la cerveza y, la provincia de Valladolid dispone de un agua idónea para ello; agua muy dura por su alto contenido en cal que favorece la fermentación.

A pesar de que los artesanos cerveceros de la provincia de Valladolid lleven poco tiempo con la actividad cervecera, el producto que ofrecen no tiene nada que envidiar al que ofrecen en otros lugares con amplio recorrido y fama en esta materia. De hecho, ninguno de los cerveceros artesanos asentados en la provincia de Valladolid se ha conformado con elaborar una sola variedad de cerveza. Además de jugar en la inclusión de otros tipos de cereales como el trigo, y lúpulos para aromatizar y dar sabor amargo a la cerveza, juegan con la temperatura de la fermentación para producir las dos variedades principales de cerveza:

Lager, que fermenta a una temperatura de entre 0 y 4 grados. Éstas, son cervezas ligeras, espumosas, suaves, de color ambarino o negro.

Ale,  cervezas que fermentan a temperaturas superiores que las Lager, pueden alcanzar los 24 grados. Son muy aromáticas, con cuerpo y sabor muy marcado.

La cantidad de cereal cultivado en la provincia, donde destaca el cultivo de cebada cervecera, la idoneidad del agua y la sencillez del proceso de elaboración de la cerveza, son las razones por las que Valladolid se ha unido al boom de la cerveza artesana que fermenta en botella y no llevan carbónico añadido.

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De viaje por el norte de Valladolid

El norte de la provincia de Valladolid, en el límite con la de León, es también tierra de vinos y de oportunidades para perderse por localidades cargadas de historia, patrimonio y arte.

Aunque la Denominación de Origen Tierra de León se extiende en su mayor parte por la provincia que le da nombre, abarca una veintena de municipios vallisoletanos que tienen en el vino uno de sus pilares. Localidades como Mayorga, donde podemos visitar el Museo del Pan,  Castroponce o Becilla de Valderaduey comparten espacio geográfico con esta zona dominada por grandes extensiones de terreno donde los campos de Castilla se pierden en el horizonte.

Tradiciones que han pasado de generación en generación y que hunden sus raíces en festividades paganas se mantienen con vida y se abren a los viajeros que visitan sus pueblos. Sillares de piedra de antiguas iglesias conviven con las típicas construcciones de adobe que se mantienen firmas, desafiantes al paso del tiempo y abiertas a los ojos de quienes pasan por aquí.

En Villabrágima, la que se cree que fue la ‘Villa Máxima’ romana, sobreviven numerosas casa de piedra de dos alturas y se presenta al visitante con una gran puerta medieval con arco de medio punto y una gran torre que lo transporta de inmediato siglos atrás.

Villabragima

Aunque sus tierras no formen parte de esta denominación de origen, una ruta por la zona no debería pasar por alto Medina de Rioseco. La ciudad, declarada Conjunto Histórico Artístico, alcanzó su mayor espelendor entre los siglos XV y XVII, coincidiendo con el asentamiento de los Almirantes de Castilla. Un recorrido por sus calles nos guiará de manera irremediable hasta el museo dedicado a la Semana Santa, donde se guardan los pasos que salen en procesión en unas fechas que aquí se viven con un fervor especial. No obstante, la Semana Santa de Medina de Rioseco está declarada como de Interés Turístico Internacional.

En la Ciudad de los Almirantes también podemos contemplar el Museo de Arte Sacro de San Francisco o iglesias como la de Santa María de Mediavilla, que atesora verdaderas joyas de la imaginería. claro, podremos pasear por el Ramal de Campos del  Canal de Castilla, una de las construcciones más características de la provincia y un punto desde el que acercarse al rico patrimonio cultural de las localidades que atraviesa. La embarcación “Antonio de Ulloa” realiza diferentes viajes atravesando esclusas desde el Centro de Recepción de Viajeros ubicado en la dársena de Medina de Rioseco.

Tordehumos o Villafrechós, Villabrágima o Bolaños de Campos, son otros nombres que se asoman en el camino de quienes se deciden a recorrer el norte de nuestra provincia. Tierra de Campos es un escenario propicio para adentrarse en tradiciones centenarias, para dejarse seducir por una gastronomía pegada al terreno y de mirar con otros ojos una zona de la provincia rica y orgullosa de su pasado.

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Ribera del Duero, más que vino

Viajemos en el tiempo. Concretamente uno dos mil años atrás, cuando los fenicios y, posteriormente los romanos, introdujeron en la Península Ibérica las técnicas más avanzadas de cultivo y producción de vino. Nadie, y mucho menos ellos, podrían haber imaginado que sus caldos se iban a convertir en unos de los mejores del mundo.

Por aquel entonces, los dueños de estas villas romanas, decoradas con mosaicos dedicadas al dios Baco, a lo más que aspiraban eran a que sus vinos fueran del agrado del emperador, Teodosio el Grande.

Situada en la meseta norte, en la confluencia de cuatro provincias de Castilla y León, Burgos, Soria, Segovia y Valladolid, la D.O. Ribera del Duero se extiende a ambas márgenes del principal río de la comunidad.

Una franja vitícola de 115 kilómetros de largo y 35 de ancho que se caracteriza por un relieve poco abrupto donde se asientan los viñedos. La convergencia de suelos de buena textura, poco calizos y bajos en materia orgánica permite que la uva que se cultiva en esta región sea de una gran calidad.

Los caldos de la D.O. Ribera del Duero son fundamentalmente tintos, aunque también podemos encontrar grandes rosados. Estos últimos, de atractivo color y moderada graduación alcohólica se elaboran con, por lo menos, un cincuenta por ciento de las variedades tintas autorizadas y fermentan en ausencia del hollejo.

Por su parte, los tintos (joven, crianza, reserva y gran reserva) son elaborados con la de uva más característica del país, uva Tempranillo o “tinta del país”. Estos vinos deberán elaborarse, como mínimo, con un setenta y cinco por ciento de esta variedad.

Los vinos de la Ribera del Duero alcanzaron su máximo reconocimiento a partir de 1975, año en el que se comenzó a hablar del potencial que tenían los vinos de esta zona. En 1979 obtuvieron el reconocimiento provisional de la Denominación de Origen Ribera del Duero, que se constituyó definitivamente en 1982.

Alrededor de 200 bodegas y más de 270 empresas forman parte de una denominación que fomenta el enoturismo de la zona y ofrece al visitante, además de la visita a las propias bodegas, un increíble número de actividades relacionadas.

Aprender a catar vinos, sesiones de vinoterapia y spa, disfrutar de la ruta de los castillos, y todo en medio de paisajes inolvidables, son algunas de las propuestas que ofrece la Ruta del Vino Ribera del Duero para hacer más completo el viaje a través de una zona que siente el vino como muy pocas otras. Un territorio repleto de sensaciones donde mayores y pequeños podrán disfrutar de una experiencia única.

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Quédate en Valladolid

La provincia de Valladolid, en todas sus rutas del vino, ofrece una amplia gama de alojamientos para el gusto de cualquier viajero que visite esta tierra.
Antiguos lagares rehabilitados, casas de labranza reconstruidas, conventos reconvertidos en acogedores hoteles, fincas rodeadas de viñedos, centros rurales y hasta villas romanas “resucitadas” son algunos de los lugares con encanto donde es posible alojarse mientras se disfruta del paso por las rutas vinícolas con sello vallisoletano.

Valladolid cuenta cada vez con más alojamientos y de muy diferentes características. Actualmente existen infinidad de propuestas de casas rurales, hostales, albergues y hoteles para alojarse en las distintas rutas del vino que atraviesan la geografía de nuestra provincia.

Los alojamientos que podemos encontrar en las rutas del vino que abrazan cariñosamente Valladolid y alrededores ofrecen en muchos casos actividades relacionadas con el mundo vinícola. Vivir experiencias, conocer el patrimonio y cultura de la zona y disfrutar de sus parajes naturales son, además, elementos adicionales para el viajero que nos visita para conocer nuestros vinos.

Sugerentes argumentos para pasar la noche en una de estas estancias, visitar a la mañana siguiente una bodega, pasear entre los viñedos, disfrutar de catas guiadas, saborear alguno de los mejores caldos del mundo e incluso relajarse con tratamientos de spa y vinoterapia.

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Enoturismo en Valladolid, más que alojamientos en lugares de ensueño

Monumentos religiosos, como los monasterios que tiempo atrás fueron los responsables de la consolidación del cultivo de vino en la región, un patrimonio histórico lleno de cultura e historia y una fuerte tradición gastronómica son otros de los puntos que hacen más atractiva la estancia en cualquiera de las localidades de la provincia.

Unos destacan por su sencillez y cercanía, otros por su oferta enfocada a enoturistas del vino, otros solo buscan el deleite de los visitantes… Una personalidad única y su apuesta por diferenciarse del resto hacen de las estancias de la provincia de Valladolid lugares únicos para el vivir de otra forma el enoturismo.

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Rueda, verdejo y mucho más

En pleno corazón de Castilla y León, en una zona que se extiende a lo largo y ancho de la margen izquierda del río Duero y circunscrita a la Denominación de Origen Rueda, encontramos la Ruta del Vino de Rueda. Focalizada en la provincia de Valladolid, colinda con Ávila y Segovia y abarca trece municipios donde se puede encontrar una amplia muestra de la riqueza turística, histórica y gastronómica de una de las regiones vitivinícolas por excelencia de nuestra tierra.

La historia de la denominación que da nombre a esta ruta arranca en el año 1980, cuando se convierte en la primera de la comunidad. En estas tres décadas largas le ha dado tiempo a convertirse en una de las más representativas no solo de Valladolid y de Castilla y León, sino de todo el país.

Desde esta fecha, los vinos blancos de Rueda han obtenido una enorme fama internacional. Siguiendo con la tradición de la tierra, se han elaborado vinos jóvenes, diferenciados por su peculiar color amarillo verdoso y sus aromas y paladar fresco y afrutado. En los últimos años, además, algunas bodegas han apostado por la innovación, la fermentación en barrica y los vinos espumosos.

El verdejo es la variedad más autóctona de la D.O Rueda, pero desde hace unos años podemos encontrar vinos blancos elaborados con otras variedades como el sauvignon blanc, viura o palomino fino y, desde el año 2008, variedades que permiten elaborar vinos tintos y rosados.

En el camino que nos propone esta ruta nos encontramos con establecimientos gastronómicos para reponer fuerzas y, claro, bodegas para conocer en primera persona el proceso de elaboración de una de nuestras señas de identidad. Bodegas tradicionales caracterizadas por sus galerías subterráneas, que se mantienen intactas desde la Edad Media, o bodegas modernas en primera línea de innovación y desarrollo que ofrecen un recorrido por la cultura del vino desde la antigüedad hasta nuestros días.

Los hoteles y restaurantes que forman parte de la ruta ofrecen a todos aquellos que atraviesan la ruta motivos fundados para hacer un saludable alto en el camino, relajarse con un tratamiento de vinoterapia o endulzarse la estancia con los postres de sus obradores.

Castillo de la Mota I

Castillo de la Mota, en Medina del Campo

La ruta destaca también por el patrimonio histórico que poseen las localidades que atraviesa y que salpican multitud de bienes inmuebles denominados de Interés Turístico. Acercarse al Castillo de la Mota, en Medina del Campo, o perderse por las calles del Olmedo que Lope de Vega retrató en una de sus más célebres obras son solo algunas de las posibilidades que ofrece un circuito en el que Tordesillas, Serrada o Nava del Rey son solo algunos de los puntos imprescindibles de las docenas de municipios que forman parte de la D. O. Rueda.

Todos los atractivos que se encuentran a su paso han sido determinantes para que la ruta haya conseguido alzarse con el título de la mejor del año 2014 tras imponerse a más de 340 propuestas.

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Con pan y vino se hace el camino

“Decir refranes es decir verdades”. Aunque sea sabiduría popular y añeja, los dichos del refranero castellano siguen estando de actualidad a día de hoy.
A la provincia de Valladolid pueden aplicársele algunos refranes que le van como anillo al dedo. ¿Ejemplos? Aquí va uno:

“Con pan y vino se hace el camino”

El Camino de Santiago atraviesa la provincia de Valladolid en dos de sus muchas variantes: el Camino de Madrid y el Camino del Levante-Sureste. Es además una provincia de vinos, en la que confluyen hasta cinco denominaciones de origen diferentes. Y, también, es una provincia de pan.

Harina, agua, levadura y sal, son los ingredientes básicos de este tradicional alimento con el que se elaboran variedades como el pan de cuatro canteros, lechuguino, de picos, de cuadros, de polea; fabiola, barra de flama y el rústico, esto es, los tipos de pan de la provincia de Valladolid que poseen Marca de Garantía por su calidad y sabor. Pero no son los únicos, puesto que en esta tierra existen muchos más tipos de un producto indispensable de nuestra gastronomía.

En plena Tierra de Campos, cercana al Camino de Santiago y a viñedos de uva prieto picudo (aunque con Denominación de Origen Tierra de León por su cercanía), se encuentra rodeada de cereales Mayorga de Campos, localidad que acoge el Museo del Pan.

El Museo del Pan es un curioso museo que muestra de forma agradable y pedagógica la importancia de un alimento que forma parte de nuestra tradición y de nuestra cultura, un humilde producto que no puede faltar en nuestras mesas a la hora de acompañar los más exquisitos manjares.

Museo del Pan, Mayorga, Diputación de Valladolid

Museo del Pan, Mayorga, Diputación de Valladolid

Los visitantes del museo disfrutarán y conocerán más de cerca el mundo de los cereales y de los molinos; la evolución del proceso de elaboración del pan, el mundo de los hornos, así como la presencia del pan en otras culturas y las peculiaridades y tradición que lo rodean.

El museo es un proyecto didáctico que incluye, además de la parte teórica, una parte práctica en su obrador, donde los visitantes pueden presenciar directamente la elaboración de algunas variedades de pan y descubrir así todo el encanto que encierra un elemento con mil caras diferentes pero siempre fundamental en nuestra cocina.

“No hay mejor refrán que buen vino y buen pan”
“Pan tierno y vino añejo dan la vida al viejo”
“Las penas con pan son buenas”.

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¿Y si te vienes a Cigales?

La historia de la Denominación de Origen de Cigales es relativamente reciente. Para encontrarnos con la creación de la marca tenemos que remontarnos únicamente hasta el año 1991, aunque la historia nos dice que esta  ha sido, es y será una tierra vitivinícola.

El turismo del vino no consiste únicamente en visitar bodegas. Con esta idea nace la Ruta del Vino de Cigales, una iniciativa donde están representadas más de 40 instituciones y empresas (bodegas, alojamientos, restaurantes, bares, empresas de ocio, industrias agroalimentarias, asociaciones…) y cuyo principal objetivo es trabajar por y para el enoturismo en el territorio que engloba esta denominación. Una ruta, por cierto, que acaba de presentar su nueva imagen corporativa.

fuensaldaña

Castillo de Fuensaldaña

Una ruta enoturística que recorre nueve municipios de las provincias de Valladolid y Palencia y en la que, a lo largo de más de 35 kilómetros, los viajeros podrán disfrutar de una amplia selección de bodegas subterráneas llenas de tradición e historia . A su paso, además, le saldrán castillos con encanto (Fuensaldaña y Trigueros del Valle), enclaves religiosos como los monasterios de Santa María de Palazuelos y San Isidro de Dueñas, o el mismísimo Canal de CastillaUn Canal de Castilla rodeado de viñas que abraza tierras vallisoletanas y palentinas como Dueñas, uno de los enclaves más importantes del canal por la confluencia de los ríos Pisuerga y Carrión.

En la Ruta del Vino de Cigales confluye la tradición artística y cultural con monumentos de la talla del puente medieval de Cabezón de Pisuerga, la iglesia de San Pedro en Valoria la Buena o la Iglesia de Santa Marta de Cubillas de Santa Marta del siglo XIII con la gastronomía más tradicional y la excelencia de sus caldos. El rosado, nuestro ‘clarete’, es el vino estrella que podéis encontrar a lo largo y ancho de esta ruta, pero sin dejar a un lado los verdejos y tintos, que también han adquirido una contundente y bien merecida reputación. Algunos de los mejores caldos de esta denominación de origen, por ejemplo, son los tintos de Cigales.

En este privilegiado entorno, lleno de vida, naturaleza, gastronomía, excelente vino y rincones repletos de encanto, la Ruta del Vino de Cigales se encarga de escoger y proponer una selección de bodegas y establecimientos, avalados por su experiencia y profesionalidad, para que todos aquellos que decidan acercarse a conocer esta nueva iniciativa disfruten de una plácida estancia. El vino de la D.O. Cigales, aparte de su gran calidad, es el eje transversal de una ruta que nos permite acercarnos a una zona inevitablemente destinada a sorprendernos. ¿Te apuntas?

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