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Días de setas (y vino)

Para muchos, el otoño es sinónimo de salidas al campo para disfrutar con una actividad entre lo ocioso y -sobre todo- lo gastronómico. Los aficionados a las setas encuentran durante estas semanas motivos de satisfacción buscando unas diminutas pero exquisitas piezas que protagonizan guisos durante estos días en los que el frío comienza a ser ya una constante. En Valladolid, en el centro de la región con mayor riqueza micológica de nuestro país, no faltan lugares en los que lanzarse, cesta en ristre, a la caza de estos sabrosos y esquivos manjares.

Durante estas semanas también proliferan jornadas gastronómicas consagradas a este alimento en las que es posible disfrutar de una enorme cantidad de elaboraciones y maridarlas con los vinos que nos ofrece esta tierra.

Setas

Estos días, por ejemplo, aún es posible gozar de iniciativas como Busca Setas, unas jornadas gastronómicas con perspectiva regional que encuentran su debida representación en Valladolid a través de una treintena de establecimientos que, tanto en la capital como en el resto de la provincia, participan ofreciendo platos elaborados con setas.

Localidades como Portillo cuentan con sus propias jornadas, -con salida al pinar incluida para buscarlas- dedicadas a ellas.

Degustar un buen plato, regarlo con un vino de nuestras denominaciones de origen, disfrutar de una comida única, es, en todo caso, la última y satisfactoria parada que nos brinda un producto que se convierte en la joya de la cocina en otoño. Antes de ello, además, nos invita a salir de casa y recorrer parajes de nuestra provincia que va cambiando sus colores durante estas semanas y que nos ofrece un espectáculo mágico.

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Corriendo entre viñas. Turismo y deporte en la provincia de Valladolid

Septiembre es, en una provincia como Valladolid, un mes marcado por el inicio de la vendimia en las distintas denominaciones de origen que convierten esta tierra en una tierra dedicada al vino.

Septiembre, cuando el calor del verano va dejando paso a temperaturas más agradables, es también un mes propicio para lanzarse a hacer deporte al aire libre. Los caminos se pueblan de corredores aficionados: los ‘runners’, como se denominan ahora, y que en los últimos años han multiplicado su presencia y sus ganas de participar en pruebas de todo tipo.

Precisamente para ellos está dirigido el calendario de carreras pedestres que presentaba hace unos días la Diputación de Valladolid y en la que se hace un guiño a la tradición vinícola de nuestra tierra.

De hecho, este circuito que contará con cinco pruebas entre los meses de septiembre y noviembre, lleva el nombre genérico de ‘Corriendo entre viñas’ y transcurrirá por lugares simbólicos y representativos de la geografía vallisoletana del vino.

Además de competir y desarrollar una actividad saludable, este circuito ofrece una excusa perfecta para conocer de una manera diferente rincones de nuestra provincia. Así, los atletas, acompañantes y todos los visitantes que acudan a los las localidades donde transcurran las pruebas podrán visitar los museos y bodegas de la zona y degustar los vinos de la denominación de origen correspondiente.

La primera de las carreras tendrá lugar el 12 de septiembre en Rueda.

A continuación, el calendario ha previsto pruebas en Peñafiel el 27 de septiembre (D.O. Ribera de Duero), el 4 de octubre en  Cigales (D.O. Cigales), el 11 de octubre en San Román de Hornija (D.O Toro) y, finalmente, el día 2 de noviembre en Mayorga (D.O. Tierras de León).

El recorrido de las pruebas transcurrirá prácticamente por completo por caminos interiores de viñedos de las distintas denominaciones de origen. Será así una manera única de complementar la práctica deportiva con el placer de recorrer un entorno que nos remite a uno de los símbolos de nuestra provincia.

La inscripción es gratuita y puede realizarse, de manera independiente para cada prueba, a través de la página oficial del circuito www.corriendoentreviñas.es ¿Os apetece correr y disfrutar de nuestra provincia?

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De tapas por Valladolid

Valladolid, tierra de vinos, es también un destino gastronómico de primer orden. Beber una copa de buen vino y disfrutar de todos los sabores que ofrece nuestra provincia es un placer a lo que pocas cosas pueden compararse. Hacerlo a través de una buena ruta de pinchos o de tapas nos ofrece, además, infinidad de posibilidades para conocer muchos y muy diferentes caldos de los que salen de los viñedos vallisoletanos.

Estos días, entre el 9 y el 14 de junio, Valladolid acoge una nueva edición (será la decimoséptima ya) del Concurso Provincial de Pinchos. Más de medio centenar de establecimientos vallisoletanos, la mayoría situados en la capital, participan en este certamen con el que podremos saborear grandes platos en formato pequeño y acompañarlo, claro, con un buen vino de la tierra.

concurso provincial pinchos

El buen hacer de los hosteleros de Valladolid en este sentido y la apuesta que se hace en la ciudad para potenciar este placer gastronómico se concretan durante el año en otras citas imprescindibles como el Concurso Nacional de Pinchos. Desde hace más de una década, participantes de toda España luchan por presentar el mejor plato ante un jurado de expertos. Noviembre es el mes en el que este otro certamen viste con los mejores platos mínimos los bares y restaurantes de la capital vallisoletana.

Ya sea con motivo de estos concursos, o los que se celebran a lo largo del año en determinados barrios de la ciudad, ya sea en cualquier momento del año, os invitamos a recorrer las calles de Valladolid y perderos por los sabores de los pinchos y tapas que llenan las barras de los locales. Y, por supuesto, os invitamos a acompañar esos pequeños placeres con un vino de cualquiera de las denominaciones de origen de las que podemos presumir en nuestra provincia.

¿Una sugerencia para empezar? El entorno de la Plaza Mayor y las calles próximas a la iglesia de La Antigua son destinos imprescindibles para conocer bien el universo de pinchos y tapas de Valladolid. ¡A disfrutar!

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Recetas de rechupete en Castilla y León

Ahora que todos nuestros lectores dominan las denominaciones de origen de Valladolid, bueno es empezar a apuntar los mejores platos elaborados en la comunidad castellanoleonesa. Con estas recetas que vamos a dar a conocer, el vino funciona como la compañía indispensable en cualquier comida familiar o social, y si además sois aficionados a cocinar, mucho mejor.

Con la llegada del invierno, pocas cosas entran tan bien como una sopa de ajo bien calentita, servida tradicionalmente en cuencos de barro y con el pan tan cocido que llegue a formar una exquisita costra en la superficie. Dado que se recomienda que el pan de Valladolid sea de días atrás, ha sido comúnmente identificado como un alimento símbolo de tiempos de necesidad, que con ingenio ha conseguido llenar muchos estómagos a muy bajo coste monetario y de preparación.

pan

En una línea similar, pocos platos resultan tan contundentes como el cocido maragato de Castrillo de los Polvazares, pueblo del municipio leonés Astorga, que además cuenta con una divertida particularidad: hay que dar buena cuenta de él al revés del orden habitual; es decir, se comienza por el final (las piezas de carne) y se termina por el caldo de la sopa. En otra de las regiones de esta provincia, El Bierzo, los amantes de la carne también pueden disfrutar de su botillo, una pieza de cerdo embutida y rellena de diversos trozos de su despiece.

Otro de los alimentos que no puede faltar al lado de nuestra copa de vino es un buen lechazo de Valladolid. Ya hemos hablado antes de las mil maneras de las que se puede comer este producto de la capital castellanoleonesa tan exquisito como su queso, y sin embargo nos falta dejaros una receta verdaderamente provinciana para que tratéis de preparar en casa la aproximación fiel a uno de los manjares más codiciados de la región.

Lechazo

Oiréis llamarlos nícalos, níscalos (y, según la Real Academia Española, mízcalos) pero por su sabor los distinguiréis. Los hongos de Tierra de Campos, comarca que se extiende por las provincias de Valladolid, Zamora, Palencia y León, suponen otra de las viandas imprescindibles para nuestro menú. Su jugoso sabor y su tierna textura los convierten en el mejor aliado de un guiso castellano.

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Estos productos típicos de la zona, célebre también por sus magníficas lentejas de Tierra de Campos, se unen a otros alimentos vinculados a poblaciones y municipios vallisoletanos; pequeños detalles gracias a los cuales podemos aderezar platos mucho más elaborados. Los piñones de Pedrajas de San Esteban,  los garbanzos de Matapozuelos o los espárragos de Tudela de Duero acompañan a los platos calientes junto a la copichuela de tinto o blanco (según proceda) de la región.

A lo largo de toda la comunidad hay opciones para todos los gustos. Las patatas revolconas de Ávila, la caldereta de Soria o el hornazo de Salamanca son distintas posibilidades para una experiencia culinaria irrepetible. A su vez, la morcilla de Burgos y el tostón de Segovia sirven para culminar una odisea gastroturística por toda Castilla y León, y es que no hay nada como un estómago bien lleno para disfrutar de los mejores vinos de la zona.

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Vino espumoso, la opción más versátil para estas fiestas en Valladolid

Lo dicen las noticias: los vinos espumosos serán los reyes de estas fiestas. Pese a que hay numerosas opciones para acompañar las copiosas cenas (y comidas) de estos días, hasta los expertos recomiendan un buen vino de aguja para que nos ayude a digerir cualquier plato en uno de estos banquetes familiares.

Muchos son los sibaritas del vino que, a la hora de sentarse a la mesa a degustar los manjares navideños, prefieren un caldo con su toque burbujeante disuelto. Este añadido puede conseguirse de distintas maneras a la hora de obtener el vino; por ejemplo, existe la opción de someterlo a una segunda fermentación, como el champán; aunque también se puede gasificar el caldo primero y embotellarlo después, o bien inyectar el gas mediante un método industrial, a la manera de los refrescos carbonatados.

Valladolid cuenta con una oferta muy variada entre los caldos que conforman sus denominaciones de origen para regalarle ese cosquilleo tan característico a nuestro paladar estas Navidades. En esta provincia, la oferta más pujante viene de mano de la DO Rueda, que dedica un número generoso de bodegas a la elaboración de estos espumosos en distintas zonas.

Así, algunas bodegas como Emina, en Medina del Campo; Félix Sanz, en Rueda; Hijos de Alberto Gutiérrez, en Serrada, y Reina de Castilla, en La Seca, trabajan con las uvas y el gas hasta conseguir vinos de aguja secos, semisecos, brut, brutnature y rosados. En sus procesos, muchos de ellos incluso apuestan por productos sin alcohol, en vista a que los más pequeños se sientan en la cena “un poquito mayores” sin poner en peligro su salud.

Gracias a este trabajo, podemos disfrutar de vinos de aguja tan notorios como el Palacio de Bornos, pero hay muchos más. Las distintas variedades de Cantosan que brinda el Grupo Yllera, los Cuatro Rayas, el Carrasviñas, de Bodegas Félix Lorenzo Cachazo; el Añ, de Bodegas Antaño, y el Vicaral, de Bodegas Vicente Sanz Rodilana, son solo algunas de las posibilidades que brinda esta provincia en su oferta de verdejos y vinos espumosos de calidad.

Por su parte, la DO Ribera del Duero también ostenta unos cuantos espumosos al margen de su célebre oferta de tintos. Uno de los más prestigiosos se fabrica en la burgalesa Bodegas Peñalba López, la única amparada por el Consejo Regulador del Cava.Bajo esta denominación, Valladolid aporta el Txapana de las Bodegas Arzuaga Navarro.

La gran mayoría de los espumosos de la DO Toro proviene, como es lógico, de Zamora; aunque eso no fue óbice para que Valladolid apostara fuerte con el Ariane Blanco, de las Bodegas Liberaria; o que un pastelero de Medina del Campo elaborara, en 2011, un turrón a partir de uno de estos vinos. La creatividad también tiene cabida entre estos caldos y nuestra región; para muestra, la reciente creación de un vino espumoso de zanahoria de mano de tres jóvenes de Portillo.

Finalmente, la Denominación de Origen Cigales contribuye a la causa de los vinos de aguja con propuestas como los Peñalba López blanco y rosado, el Docetañidos rosé de Félix Lezcano o el Bosque Real, de las Bodegas Santa Rufina. Por su parte, la DO Tierra de León también cuenta en su haber con unos característicos vinos espumosos. Sus caldos rosados de aguja se obtienen a partir de una técnica vinícola muy particular, conocida como madreo.

En este proceso, el vino va recibiendo durante su fermentación nuevos racimos de uva (por lo general, una variedad conocida como Prieto Picudo), que brindan unas finas burbujas en el vino. Estas resultan muy difíciles de conservar, pero dejan una persistencia en la boca tan inconfundible como inimitable.

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¿Qué dice José Peñín de nuestros vinos?

Si recientemente hablábamos de Robert Parker como uno de los gurús internacionales del ámbito enológico, es inevitable pensar en el leonés José Peñín como uno de los nombres más representativos de nuestras fronteras y una de las figuras más respetadas en el extranjero dentro del mismo mundillo. El escritor y periodista, que pone nombre a la Guía de Vinos más significativa sobre los caldos nacionales, es a su vez uno de los catadores más reputados del mundo, por lo que su opinión sobre los productos y denominaciones de origen de Valladolid supone un punto de referencia clave para expertos y aficionados de cualquier país.

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La última de estas Guías rescata la predilección de Peñín por la DO Rueda, en general; y por los vinos 77 de La Soterraña o los Badajo de la Bodega Gótica. Los blancos de nuestra región son un deleite para los paladares de muchos curtidos y recién llegados a la enología, gracias a las cinco estrellas que esta publicación les concede en su 25ª edición.

La denominación de origen Toro también ocupa un lugar especial en el corazón del experto vinícola, con generosas puntuaciones para el vino Terras de Javier Rodríguez, de nuestra bodega local Rodríguez Sanzo. Las cinco estrellas consigue por su parte la añada 2012 del tinto Tierras Guindas, perteneciente a la marca de referencia Frontaura. Esta bodega además ha podido participar en la edición de 2013 del emblemático Salón Guía Peñín de los Mejores Vinos de España, uno de los encuentros nacionales más rompedores que desde hace 15 años organiza catas y concede premios a los productos más valorados del año dentro de este catálogo vinícola.

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En su blog, José Peñín también rescata la excelente relación calidad-precio de la que hacen gala los blancos de Rueda, de los cuales puntúa dos Rueda cosecha 2012 como “Excelentes” (un Real Castelo y un verdejo José Galo, de bodegas Castelo de Medina y Rueda Pérez, respectivamente). En esta categoría, la más alta de sus filtros, también se cuela un Pardevalles, cosechado en tierras limítrofes a Valladolid y perteneciente a la DO Tierra de León. Los precios de los tres vinos oscilan entre los 6 y 7 euros por botella.

En una categoría aún más económica, Rueda se lleva la palma con productos que van de 2,10 a 3 euros. El Viña 65 de Yllera, el Copaboca vertical o el Mayor de Castilla permiten que cualquier consumidor pueda disponer de los mejores caldos blancos sin verse obligado a rascarse excesivamente el bolsillo.

 

 

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Mil maneras de comer lechazo

Si preguntáramos al azar a alguien ajeno a nuestra provincia qué le apetecería beber en su viaje a la provincia de Valladolid, sería casi seguro que una de las primeras respuestas que aparecería en su boca sería ‘vino’. Si después de nuestro cuestionario le llevara a sus preferencias a la hora de comer, serían pocos los que no mencionaran el lechazo, incluso aquellos despistados que, recién llegados a tierras castellanas, pretenden probar un poco de nuestro apetitoso “cordero”.

Y es que escasas parejas gastronómicas pueden presumir de combinar tan bien como lo hacen los caldos de las denominaciones de origen de Valladolid con la deliciosa carne de lechazo que se ofrece en la provincia. El lechazo de Castilla y León, que cuenta con el sello de garantía que ofrece la Indicación Geográfica Protegida, es una de las joyas de la cocina castellana y vallisoletana, un verdadero placer para los sentidos del que puede disfrutarse en multitud de asadores y mesones de nuestras tierra.

Localidades como Traspinedo huelen a los pinchos de lechazo churro que, atravesados por una barra de acero, son su seña más característica. Y no faltan, a lo largo del año, encuentros a lo largo de nuestra geografía en la que el lechazo es el producto estrella que puede degustarse de mil maneras diferentes.

Las Jornadas del Lechazo de la Ribera del Duero se celebran desde hace tres ediciones y participan locales de Peñafiel, Curiel de Duero, Valbuena o Pesquera de Duero, dentro de una zona en la que para muchos crece la carne más exquisita de la región.  Grandes centros de producción vinícola se reúnen en puntos de encuentro claves para comer cordero lechal en su forma más tradicional.

Otro punto de interés de la región se vertebra en torno al municipio de Medina del Campo. Regado con unas generosas cantidades de Rueda, desde hace cuatro años acoge en torno al mes de marzo la celebración de sus particulares Jornadas del Lechazo, en las que distintos centros locales como la Taberna Mohino o el Restaurante de San Roque se unen con el Mesón del Tío Macario de Pozáldez para ofrecer el llamado Menú de Las Jornadas.

También en la capital de la provincia, coincidiendo con las fiestas patronales de San Pedro Regaladovarios establecimientos sirven tapas y menús elaborados con lechazo en unas jornadas que se van asentando con el paso del tiempo.

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Valladolid, provincia de quesos

Los orígenes de las tapas, las maravillosas comidas en miniatura que nos sacian del hambre mientras saboreamos una copa de vino o una cerveza bien fría, tienen un origen difuso en el que abunda la leyenda y faltan certezas absolutas.

¿Cuál es la verdad de todo esto?
¿Cuánto hay de mito y cuánto de historia detrás?

¡Hoy lo desvelamos!

Lo cierto es que, ya fueran improvisadas protecciones contra insectos para el rey católico Fernando II, ya fueran acompañamientos del tratamiento de vino que se prescribió a los enfermos durante la época de Alfonso X el Sabio, lo cierto es que jamás han dejado de acompañarnos. Y no menos cierto es que pocos alimentos como el queso pueden presumir de ser una tapa casi obligatoria en cualquier bar o restaurante al que acudamos.

Vino y queso forman un tándem de éxito. Valladolid, tierra de muchos y buenos vinos, y donde conviven cinco denominaciones de origen, cada una con sus peculiaridades y matices, cuenta también con una interesante colección de quesos. Maestros artesanos llevan siglos sacando el máximo provecho a la materia prima que las ovejas nos ofrece.

Sin duda, uno de los quesos vallisoletanos más representativos es el de Villalón, que cuenta con su propio museo en esta localidad situada al norte de la provincia. La antigua escuela del municipio sirve ahora de centro de interpretación de un producto que identifica a toda una comarca y que se sigue elaborando hoy prácticamente de la misma forma que se hacía siglos atrás.

Acercarse a conocer los quesos de Valladolid es también una ocasión perfecta para conocer rincones más o menos escondidos de la provincia. Arrancar en Pollos, pasar por Serrada y teminar en Ramiro es una de las opciones que nos ofrece una ruta que arranca a las orillas del Duero en la que descubriremos algunas queserías que merece la pena conocer. Queserías cargadas de historia y donde la tradición artesana es una constante y una garantía de calidad y sabor.

Si aún no te ha entrado hambre, aquí tienes una guía para conocer más de todos los quesos de nuestra provincia. Un placer irresistible.

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Saboreando la provincia de Valladolid

Un museo, si nos atenemos a la definición de la RAE, es una institución que guarda colecciones de objetos y elementos de todo tipo que ilustran las actividades del hombre o culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos.

Varios museos en Valladolid se encargan de proteger y difundir el patrimonio gastronómico de la provincia, uno de sus principales activos y un reclamo para los visitantes que se dejan caer por esta tierra. El vino, puede que su producto más reconocible, cuenta en Peñafiel con un gran museo ubicado en el castillo que se dedica a su promoción.

Otro de los productos representativos de la gastronomía vallisoletana es el pan, cuyo Museo del Pan  ubicado en Mayorga. La harina, fundamental para elaborar el pan, encuentra en Medina de Rioseco, en concreto junto a la dársena del Canal de Castilla, un espacio propio. Ahí es donde se encuentra la antigua fábrica de harinas de San Antonio, conservada en perfecto estado y abierta a quien quiera conocer por dentro cómo era en sus días de frenética actividad. Días de Revolución Industrial a orillas del Duero en los que esta harinera aprovechaba la fuerza del Canal para molturar el grano. Más de un siglo después todavía se conservan en perfecto estado sus instalaciones, la turbina o los molinos que hacían posible la elaboración de harina.
El Museo del Queso de Villalón es otro de estos lugares en los que la tradición de una actividad, en este caso la elaboración de quesos en esta localidad desde hace siglos, encuentra un espacio en el que mantenerse viva y llegar a un público amplio. Saborear este producto con los cinco sentidos, abordar de una manera global el regalo que obtenemos de la leche recién ordeñada de las ovejas. En la web de este museo podemos ver el recorrido que nos proponen para disfrutar como nunca de un queso con identidad propia.

En la zona este de la provincia de Valladolid, es posible visitar el Museo de la Harina y la Miel , en Olmos de Peñafiel, ubicado en un viejo molino en el que los visitantes conocerán la manera en la que se transportaba el trigo y se trabajaba hasta convertirlo en harina en la aceña. En este mismo centro también nos podemos acercar al comportamiento de las abejas, la forma en la que se agrupan dentro de la colmena y el proceso que llevan a cabo para elaborar un producto tan fascinante como la miel.

Tradiciones centenarias muy ligadas a nuestra tierra, como la matanza, tienen reflejo también en un centro de interpretación localizado en Palazuelo de Vedija. Un punto obligado para conocer las herramientas, los procesos y los productos que se relacionan con un rito enraizado en la Tierra de Campos en la que está enclavado este centro.

Un recorrido por la provincia, permitirá descubrir varios centros museísticos que dan visibilidad a los productos que hacen de Valladolid un destacado centro gastronómico.

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La vendimia se vive con fiesta

En una provincia atada al vino como es Valladolid, los meses de septiembre y octubre se viven de una forma diferente. De una manera más viva, más plena, más festiva. Es tiempo de vendimia, de recoger la uva que ha crecido durante los meses previos. Es hora de iniciar de nuevo un proceso centenario, un verdadero rito, que culminará cuando alguien abra una botella y se sirva uno de los caldos que riegan nuestra tierra.

La celebración de la vendimia, la recogida de esos frutos que dan identidad a una localidad o a toda una comarca, ha dado pie a verdaderas fiestas en muchos de nuestros municipios. Así, estas fechas se convierten en perfectas excusas para visitar nuestra provincia, para acercarse a una labor con siglos de historia y apegada a ciertas costumbres imposibles de pasar por alto.

La de Cigales es la Fiesta de la Vendimia más antigua de todas cuantas se celebran no sólo en Valladolid, sino en Castilla y León. Declarada de Interés Turístico Regional, en ella participan las bodegas y los ayuntamientos que forman parte de esta Denominación de Origen. La plaza del Lagunajo acoge uno de los momentos más representativos de estos días de fiestas en los que se realizan conferencias, catas y exposiciones relacionadas con el mundo del vino. Vendimiadores y bodegueros acompañan al pregonero y, a continuación, tiene lugar el pisado de la uva de la manera tradicional para obtener así el primer mosto del año.

Si la de Cigales tiene por lo general en septiembre sus fechas de celebración, en Rueda esperan hasta el segundo fin de semana de octubre para festejar su vendimia en unos actos que también cuentan con la catalogación de Interés Turístico Regional. Los vecinos de la localidad regresan al pasado, vestidos con los trajes típicos de la zona, para pisar las uvas igual que hicieron sus antepasados durante generaciones. Degustaciones gratuitas y diversos talleres difunden el verdejo tan característico de esta comarca que se vuelca con una fiesta en la que se muestra orgullosa de su tradición.

La vendimia es el marco en el que cada año se enmarca Riberjoven, el encuentro enoturístico con el que Peñafiel pone en valor los caldos que se elaboran en la Ribera del Duero y de la que esta localidad es uno de sus centros principales de producción. Serrada o Melgar de Abajo, donde la cultura vinícola se encuentra también profundamente arraigada, cuentan también con sus propias fiestas en estas fechas de vendimia en las que todos los visitantes son bienvenidos.

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