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Enoturismo en Valladolid: solo, en pareja o con amigos

Solo, en pareja o en multitud. Si quieres visitar y conocer una bodega por dentro, las posibilidades para hacerlo, al menos en lo que respecta a la provincia de Valladolid, son más que variadas. El mundo del vino se encuentra en constante transformación y el sector ligado al turismo también busca fórmulas novedosas con las que acercarse a un público que desea dejarse tentar por escapadas y experiencias diferentes. Si juntamos los dos términos y buscamos más allá de la mera visita que podemos hacer a una bodega, encontramos fórmulas que se escapan de lo convencional y nos ofrecen la posibilidad de acercarnos a ellas de manera distinta.

Solos
‘Enotumismo’ es el original concepto que han encontrado los empresarios que han puesto en marcha estas visitas para solteros a bodegas de varias denominaciones de origen de nuestro país, incluida la de la Ribera del Duero. El denominado público ‘single’, esto es, las personas sin ataduras de pareja que organizan sus vidas de manera individual, son los destinatarios de esta iniciativa en la que están invitados a disfrutar de una visita en la que, además, pueden conocer a un buen puñado de personas que viven la vida solos, como ellos.

De despedida
Muchas bodegas también han visto la oportunidad de abrirse a celebraciones que, como las despedidas de soltero, unen a amigos con ganas de diversión y planes alejados de los más convencionales. Reunir a los más cercanos en torno a barricas y vides y aprender los fundamentos de una cata mientras se festeja el final de la soltería es algo cada vez más habitual. Y en bodegas como esta está la prueba.

Recién casados
Y si una bodega puede convertirse en el mejor lugar para celebrar una inminente boda con los amigos, también puede ser el escenario propicio para que los futuros marido y mujer posen ante las cámaras y queden retratados en un momento tan especial para ellos. Esta bodega de la Ribera del Duero ofrece precisamente esa posibilidad, que los novios realicen allí el reportaje fotográfico previo al enlace. El enclave y el recuerdo lo merece.

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El vino no es una cuestión de edad

El vino, dicen los que entienden de él, mejora con los años. Las cualidades que atesoran en su interior barricas y botellas se multiplican con el paso del tiempo y el placer que provoca en nuestros sentidos crece a medida que se gana en madurez. No solo el vino, claro, gana con la edad. Nosotros también adquirimos según avanzan los años experiencias, conocimientos y saberes que nos hacen más completos. Y es que madurar se trata, en gran medida, de amasar y controlar esos conocimientos, sean de la naturaleza que sean, y aprovecharlos en nuestro beneficio. A veces, claro, adquirir esos conocimientos resulta complicado cuando se trata de un campo completamente alejado y desconocido para nosotros.

Aprender los secretos del mundo del vino no resulta fácil. Muchas veces oímos esa frase de “yo es que no entiendo de vinos” de gente que, pese a que pueda consumir de vez en cuando alguna copa de esta bebida, no la tiene entre su favorita. Esta realidad se repite en especial cuanto más joven es esa persona. Poco acostumbrados a educar el paladar y aprender a distinguir todos los matices que deja tras de sí un caldo, muchos jóvenes desisten en su intención por conocer más de este mágico e inabarcable espectro.

Hacia este público, precisamente, se dirigen últimamente muchos de los esfuerzos del sector en general y de muchas bodegas. Acciones como la de la Denominación de Origen Rueda, que ha apostado por la música y por los conciertos de grupos como Morrigan para dar a conocer estos vinos vallisoletanos a un perfil de público determinado y alejado al que habitualmente se dirigen.

A un público aún de menor edad está orientado un libro que se presentó recientemente en la sede de la Diputación de Valladolid y que lleva el título de La aventura del vino. Federico Oldenburg es el autor de esta publicación, un proyecto impulsado por la bodega Abadía Retuerta y que está concebida como una herramienta lúdica para que los más pequeños se acerquen al mundo del vino. Sin duda, un buen instrumento para que esta cultura vinícola cale en ellos y en el futuro sepan apreciar el inmenso tesoro que se esconde en los viñedos y en las bodegas de nuestra provincia.

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De Madrid Fusión al cielo de nuestras rutas del vino

Hace unas semanas lo mejor de la gastronomía nacional e internacional se reunía en la capital española en una nueva edición de Madrid Fusión. La cita, convertida en un referente para un sector en auge, fue el escenario para que la provincia de Valladolid, a través de  las Rutas del Vino certificadas de Cigales, Ribera del Duero y Rueda, promocionara todo (no únicamente grandes vinos) lo que tiene que ofrecer.

El enoturismo en nuestra provincia, de esta manera, mostraba un potencial inagotable a todos los asistentes a este certamen internacional, que pudieron disfrutar de degustaciones de los vinos de las principales denominaciones de origen vallisoletanas y de otros productos de nuestra tierra que hacen hacen una exquisita y perfecta combinación con ellos.

El objetivo de sorprender al visitante que se acerca aquí es más sencillo cuando a la oferta enológica, variada y de altísima calidad, se une, una no menos amplia y riquísima propuesta gastronómica. Madrid Fusión fue escenario durante tres jornadas de ese fantástico maridaje que en Valladolid es posible los 365 días del año. En 2016, además, tendremos uno más de propina.

Cualquiera de ellos, por ejemplo, es propicio para acercarse a la Ruta del Vino de la Ribera del Duero para dejarse seducir por los tintos que ofrecen sus bodegas y, de paso, regalarse un lechazo o los quesos y embutidos de la zona.

La Ruta del Vino de Rueda presentó también durante esta cita madrileña las credenciales gastronómicas que convierten la zona en un lugar propicio para los amantes de la buena mesa. Entre los productos que pudieron degustarse allí y que esperan a cualquier visitante, quesos y aceite de Medina del Campo o los mantecados al verdejo, el vino emblemático de la denominación, que elaboran en Matapozuelos.

La tercera de las rutas certificadas de la provincia, es la Ruta del Vino Cigales, que mostró  no sólo sus vinos rosados, también sus tintos, combinándolos con las morcillas típicas de la localidad , con la miel de los Montes de Valvení  que se elabora en la zona o con el  “pan de pueblo”.

Tres rutas, tres formas de entender el vino y tres propuestas de turismo gastronómico en una provincia. ¿Quién da más?

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¿Por qué se dice sopa castellana?

Seguro que muchas veces os habréis preguntado por qué la sopa es “castellana” y no de cualquier otra región, ya que puedes comerla en distintos puntos de la geografía española.

Pues bien, hoy os vamos a desvelar el porqué de este nombre. Pero antes, para los que no hayan probado una buena sopa castellana, queremos contar en qué consiste este plato típico. Como buen potaje, ayuda a combatir las bajas temperaturas, que en esta tierra se padecen en invierno.

Sus ingredientes son agua muy caliente, rebanadas finas de pan de pueblo (hogaza), dientes de ajo para dar ese gusto picantillo que enciende el motor del estómago, pimentón dulce que da ese toque rojizo al plato y por último, cuando esté todo mezclado, se echan un par de huevos encima, de uno en uno, hasta que estén bien escalfados. No debemos confundir nunca con la sopa de ajo.

¿De dónde procede este típico potaje?

Según cuentan, en la antigüedad las sopas castellanas era un almuerzo típico de la gente humilde, porque se hacían para aprovechar el pan que había sobrado el día anterior. Además era (y es) uno de  los platos típicos de la cuaresma que contribuía al olor a ajo de las calles de muchos pueblos de España durante la Semana Santa. Un plato más que adecuado a las costumbres religiosas, ya que no incluía carne en su elaboración. Recuerda a la sobriedad que deben acompañar estas fechas.

Variantes de la sopa castellana:

En Andalucía, en vez de pan se echa coliflor. Además carece de pimentón y se sirve espesa.  En la costa suelen acompañarla con trocitos de pescado.

Otra vertiente es la sopa manchega, que en vez de pimentón se cocina con pimientos choriceros, al igual que en Navarra. En esta última se añaden, incluso, pedazos de tomate natural.

En Aragón se echan huevos y picatostes.

¿Es lo mismo que la sopa de ajo?

No. Rotundamente, no. La sopa de ajo es espesa, ya que se deja reposar durante más tiempo para que el pan absorba todo el caldo. Además, en una elaboración tradicional completa, debe terminar en el horno, donde el pan queda bien empapado y, sobre él, una capa dura y tostada, que cruje al masticarla.

¡Ah! Y no lo olvides: con un buen vino todo sabe mejor.  ¿Qué tipo de vino dirías que le va mejor a este plato? Nosotros os la recomendamos con un buen tinto de los que muchos que salen cada año de las distintas denominaciones de origen de Valladolid.

Buen provecho.

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Aprende a catar vino en Valladolid

El color. Los matices. El brillo. Los aromas. Los primarios, los secundarios y hasta los terciarios. El sabor.
Beber una copa de vino puede ser la acción más sencilla del mundo, si simplemente nos dejamos llevar por la más simple subjetividad y disfrutamos de todo lo que nos despierta. Pero exprimir al máximo todo lo que nos ofrece un buen vino requiere unos conocimientos previos que pueden adquirirse con un poco de constancia e interés. Catar un vino es todo un ejercicio de precisión en el que nuestros sentidos deben estar especialmente preparados. Aprender todos los secretos para exprimir al máximo lo que nos ofrece el vino es más sencillo si lo hacemos con profesionales que nos enseñan a diferenciar los aromas que explotan en nuestra nariz y a entender las diferencias que, en el gusto, nos dejan dos variedades de uva diferentes.

En Valladolid tenemos la suerte de contar con muchos de esos profesionales que, desde diferentes espacios, nos brindan la oportunidad de conocer un poco mejor este mundo y de educar nuestros sentidos para conocer lo que identifica a los vinos de la Ribera del Duero, de Cigales o de Rueda, por ejemplo.

Sin salirnos de la capital encontramos la vinoteca Señorita Malauva, que organiza diferentes cursos, abiertos para tanto a profesionales como a aficionados, para aprender lo imprescindible o profundizar de manera más constante en el mundo de la cata. También en Estación Gourmet o en la Escuela Internacional de Cocina podemos encontrar diferentes actividades orientadas todas ellas a hacer que nuestro paladar sepa diferenciar todos los matices que nos deja el vino.

¿Salimos por la provincia a aprender un poco más sobre este universo que no se agota? Si nos vamos a la tierra del Rueda, podemos encontrar actividades tan fantástica como esta de Emina; un curso de iniciación a la cata de vinos blancos junto a uno de sus enólogos. Experiencias similares se llevan a cabo por toda la provincia, por ejemplo a través del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Cigales, y nos abre un enorme abanico de posibilidades a la hora de aprender acerca del vino y, además, conocer la provincia de una manera diferente a través de uno de sus productos más característicos.

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Terapia de vino en Valladolid

De las viñas a las barricas, de allí a las botellas y, por último, a la copa y a nuestras bocas. Es el viaje natural que hace el vino y que nos proporciona un enorme placer.

En los últimos años, de todas formas, ese viaje no tiene por qué terminar en el paladar, para que así apreciemos el conjunto de todas los matices que conforman un buen vino. La vinoterapia arrancó en el entorno de Burdeos y desde allí se expandió al resto del mundo, también, claro, a una tierra eminentemente vinícola como Valladolid.

En el fondo de esta terapia basada en los beneficios del vino se encuentra una premisa bastante lógica. El consumo moderado del vino, es algo sabido, tienen un efecto beneficioso en la prevención de enfermedades como el cáncer gracias a los polifenoles de este elemento. Además, su potencial antioxidante es superior, por ejemplo, al de la vitamina E. Entonces, si el vino es una fuente de salud natural de primer orden, ¿por qué no aprovecharnos de él de todas las formas posibles? ¿Por qué no aplicarlo directamente sobre nuestra piel, para conservarla así más joven y sana?

Balnearios y spas han decidido incorporar el vino como un elemento más que ofrecen a sus clientes a la hora de disfrutar de un masaje relajante y beneficioso para el organismo. Entre las ventajas que aparecen a la hora de disfrutar de uno de estos tratamientos se encuentran, así, la prevención del envejecimiento de las células, el refuerzo de la microcirculación, la hidratación de la piel y la tonificación muscular.

Valladolid, donde el vino es una seña de identidad, cuenta también con espacios en los que las terapias ligadas a él han encontrado su hueco. Cerca de Peñafiel, en plena comarca de la Ribera del Duero, nos encontramos con un hotel-spa que ha hecho suya esta tendencia y ofrece a quienes los visitan diversos tratamientos en los que el vino es protagonista.

Y, sin tener que acudir a centros como estos, recuerda que una ruta por la provincia de Valladolid posee también efectos relajantes, tonificantes y antioxidantes. ¡Te lo aseguramos!

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