Vino espumoso, la opción más versátil para estas fiestas en Valladolid

Lo dicen las noticias: los vinos espumosos serán los reyes de estas fiestas. Pese a que hay numerosas opciones para acompañar las copiosas cenas (y comidas) de estos días, hasta los expertos recomiendan un buen vino de aguja para que nos ayude a digerir cualquier plato en uno de estos banquetes familiares.

Muchos son los sibaritas del vino que, a la hora de sentarse a la mesa a degustar los manjares navideños, prefieren un caldo con su toque burbujeante disuelto. Este añadido puede conseguirse de distintas maneras a la hora de obtener el vino; por ejemplo, existe la opción de someterlo a una segunda fermentación, como el champán; aunque también se puede gasificar el caldo primero y embotellarlo después, o bien inyectar el gas mediante un método industrial, a la manera de los refrescos carbonatados.

Valladolid cuenta con una oferta muy variada entre los caldos que conforman sus denominaciones de origen para regalarle ese cosquilleo tan característico a nuestro paladar estas Navidades. En esta provincia, la oferta más pujante viene de mano de la DO Rueda, que dedica un número generoso de bodegas a la elaboración de estos espumosos en distintas zonas.

Así, algunas bodegas como Emina, en Medina del Campo; Félix Sanz, en Rueda; Hijos de Alberto Gutiérrez, en Serrada, y Reina de Castilla, en La Seca, trabajan con las uvas y el gas hasta conseguir vinos de aguja secos, semisecos, brut, brutnature y rosados. En sus procesos, muchos de ellos incluso apuestan por productos sin alcohol, en vista a que los más pequeños se sientan en la cena “un poquito mayores” sin poner en peligro su salud.

Gracias a este trabajo, podemos disfrutar de vinos de aguja tan notorios como el Palacio de Bornos, pero hay muchos más. Las distintas variedades de Cantosan que brinda el Grupo Yllera, los Cuatro Rayas, el Carrasviñas, de Bodegas Félix Lorenzo Cachazo; el Añ, de Bodegas Antaño, y el Vicaral, de Bodegas Vicente Sanz Rodilana, son solo algunas de las posibilidades que brinda esta provincia en su oferta de verdejos y vinos espumosos de calidad.

Por su parte, la DO Ribera del Duero también ostenta unos cuantos espumosos al margen de su célebre oferta de tintos. Uno de los más prestigiosos se fabrica en la burgalesa Bodegas Peñalba López, la única amparada por el Consejo Regulador del Cava.Bajo esta denominación, Valladolid aporta el Txapana de las Bodegas Arzuaga Navarro.

La gran mayoría de los espumosos de la DO Toro proviene, como es lógico, de Zamora; aunque eso no fue óbice para que Valladolid apostara fuerte con el Ariane Blanco, de las Bodegas Liberaria; o que un pastelero de Medina del Campo elaborara, en 2011, un turrón a partir de uno de estos vinos. La creatividad también tiene cabida entre estos caldos y nuestra región; para muestra, la reciente creación de un vino espumoso de zanahoria de mano de tres jóvenes de Portillo.

Finalmente, la Denominación de Origen Cigales contribuye a la causa de los vinos de aguja con propuestas como los Peñalba López blanco y rosado, el Docetañidos rosé de Félix Lezcano o el Bosque Real, de las Bodegas Santa Rufina. Por su parte, la DO Tierra de León también cuenta en su haber con unos característicos vinos espumosos. Sus caldos rosados de aguja se obtienen a partir de una técnica vinícola muy particular, conocida como madreo.

En este proceso, el vino va recibiendo durante su fermentación nuevos racimos de uva (por lo general, una variedad conocida como Prieto Picudo), que brindan unas finas burbujas en el vino. Estas resultan muy difíciles de conservar, pero dejan una persistencia en la boca tan inconfundible como inimitable.

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